domingo, 16 de febrero de 2020

David Bowie: Blackstar

Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Cuatro años serán, espero, suficientes para juzgar un disco como este con cierta perspectiva. Es decir, una de las estrellas más destacadas de la música, una referencia que franquea ámbitos por todos los lados, desbordante, que publica un disco, el segundo digno y memorable desde que  su carrera iniciara un cruel descenso desde Scary Monsters (puede que Let's dance contuviera alguna canción memorable pero ninguno de sus discos posteriores hasta The Next Day había sido capaz de aportar material a su legado de clásicos) y que se muere dos días tras la publicación, en una serie de hechos que parecen diseñados por un perverso equipo de marketing.
O por un genio como Bowie, y perdonad que cuatro años no hayan sido suficientes para evitar preguntarse si Bowie era muy consciente de que ésta era su despedida como artista y decidiera vaciarse y entregar una especie de auto-elegía compendiando detalles de su carrera.
Aunque quizás The Next Day, un disco bastante digno aunque su voz sonaba triste y cansada, fuera un primer conato.
Blackstar suena poderoso desde el primer minuto. El tema que le da títulotítulo es un obvio resultado de la admiración de Bowie por Scott Walker y suena como las partes más accesibles de los discos menos accesibles del igualmente fallecido autor americano, ahora con Bowie declamando con marcialidad, su voz resonando en una especie de salmodia que parece definir el sonido del disco, cantando sobre ejecuciones en una temática muy parecida a ciertos temas de The Drift. Bowie suena elegante, especialmente cuando la canción se sitúa, a media duración, en una perspectiva más pop, y Bowie ya inflexiona, canta, narra. Blackstar, la canción, es una magnífica apertura que proclama las intenciones del disco, unas intenciones que se debaten entre los condicionantes de la obra cohesionada y esos aires, imposibles de alejar, de resumen de carrera, de despedida, no solamente las letras de las canciones, la posición final de una canción titulada (traduzco algo libremente) "No puedo regalarlo todo". Para la crítica fue algo difícil diseccionar el disco en dos días antes de que Bowie muriera y en general las opiniones sobre el disco se alumbraron bajo la enorme sugestión colectiva. Blackstar es un disco irregular, con magníficas piezas cuanto más lentas e introspectivas, con el artista dosificando su voz sin pretender sonar forzadamente energético: Lazarus(que parece homenajear a The Cure en su inicio), la canción que le da título, la muy íntima Dollar Days. No he oído la palabra Berlin a lo largo de todo el disco. Las piezas más dinámicas, alguna de ellas apelando al drum'n'bass, otras más rock, alguna coqueteando con el electrojazz, desequilibran levemente el disco, pero el conjunto es brillante, inspirado, conmovedor, aunque yo le quitaría algo de peso a tanto saxo, pero supongo que fue la manera de Bowie de homenajear al que fue su primer instrumento. Y casi es todo: hubo quien, desde la sobriedad de la portada, opinó que Bowie había dedicado un disco a la muerte. Desde luego fue (no era difícil) su mejor disco en décadas y desde luego como colofón a su carrera se nota que Bowie tuvo especial empeño en que el disco dejara huella.

1 comentario:

  1. No sé si David Bowie lo sabía, pero parece que quiso esmerarse en su último trabajo y poner un broche de oro a su carrera.
    Un genio absoluto.

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