domingo, 3 de julio de 2022

Prefab Sprout: From Langley Park to Memphis

Año de publicación: 1988

Valoración: muy recomendable

El propio impacto estético de la portada ya avanza el cambio sonoro. Paddy Mc Aloon hace que la banda abandone el paisaje brumoso de la campiña que adornaba Steve Mc Queen. La portada de From Langley Park to Memphis muestra a cuatro jóvenes con estética desenfadada, en cualquier caso alejada de los estereotipos de la década, parecen más bien -sin llegar al extremo de los Talking Heads - cuatro estudiantes de post-grado que se resisten a abandonar los hogares familiares. Pero americanos. Desde su título, el disco es un puro homenaje, no exento de sus dosis de sarcasmo, a la cultura USA. De hecho, sus dos peores canciones (curiosamente, aquellas con melodías simples y ganchos vocales que elevaron el disco a la fama) parecen evocar el rock-pop americano más asequible.

 Cars and Girls, sacrilegio, pone en tela de juicio a la multitud seguidora de Bruce Springsteen y se mofa algo, desde el título, de las temáticas pujantes en sus canciones. Y no creo que haga falta mucha explicación sobre una canción que se llama The King of Rock'n' roll. Pero, con la excepción de The Golden Calf, anodino boogie-rock sin más atractivo que un riff algo enganchoso, el resto del disco se ubica en otro nivel de atracción hacia la cultura americana. Aquí participa la armónica de Stevie Wonder e incluso uno de esos coros de los números finales de los musicales de Broadway. Y son siete canciones magnificas que quedaron eclipsadas por los números comerciales del disco, cosa que, supongo frustraría a Mc Aloon, que era cualquier cosa menos un rockero al uso - de hecho, parte de este disco aún la produce Thomas Dolby y está compuesta partiendo de teclados.

Por eso su siguiente disco, Jordan: The comeback sería casi la antesala del suicidio comercial. Pero todo es delicioso aquí, desde la delicadeza de Nightingales, la ampulosidad con tono de despedidaThe Venus of the Soup Kitchen, el tono ligeramente adúltero de Nancy (Let Your Hair Down For Me) una de esas canciones inexplicablemente sexy, o la fanfarria casi turística, atiborrada de cuerdas en la frontera del kitsch de Hey Manhattan!, el fake caribeño de Knock On Wood, o el chulesco swing de Remember That todo el resto del disco es un catálogo de música sofisticada, elaborada y voluptuosa, como una demostración del carácter único de la banda en medio de la despistada década de los 80.

domingo, 26 de junio de 2022

Lloyd Cole and the Commotions: Rattlesnakes

Año de publicación: 1984

Valoración: muy recomendable

Resulta sorprendente y extraño verificar que Lloyd Cole es inglés: desde sus referencias culturales hasta su sonido e incluso su aspecto (parece el hermano mayor algo entrado en carnes de Chris Isaak) nos lo situarían antes en algún paraje del Cinturón del Trigo o incluso integrante de segunda fila de alguna pandilla de fracasados en una peli de Tarantino. Pero sobre todo, el sonido. Y el debut de la banda, publicado en esa tierra de nadie que era 1984, con los sonidos experimentales en franca decadencia, el dominio de Michael Jackson o Madonna (ambos, a la vez, geniales e insoportables), los grandes grupos de la new wave languideciendo, algunas grandes bandas adaptándose, este Rattlesnakes resultó brillar en medio de ese marasmo, más por cuanto su sonido limpio y contundente (agradezcamos a la producción de Paul Hardiman el dejar todo ese espacio en las canciones) eludía avasallar al oyente y se situaba en ese fascinante espacio inhabitado, no le culpemos de las desgracias sonoras perpetradas por sus imitadores a posteriori.

En todo caso, Rattlesnakes es un debut excelente, teñido de la voz grave y profunda de Cole, lejanamente deudora en su fraseo algo distante de la de Lou Reed, pero acompañada de una banda donde no falta uno de los aderezos propios de esos estilos bastardos: un órgano (no sé si Hammond o Farfisa, ahora que veo el video veo que es un sinte de Korg) abre contundente Perfect Skin y Cole suelta sus letras trufadas de referencias literarias y cinematográficas, incorporándolas sin reparos incluso en los estribillos, como en Rattlesnakes, aquí enriquecida por las cuerdas, también presentes en cumbres del disco como Speedboat, que parece un paseo por los pantanos de New Orleans, o ese fascinante crescendo, de aires loureedianos que es Forest Fire, cuatro fasicinantes ejemplos de canciones de aires casi irreales, aunque siempre se pueda alegar que la segunda parte del disco se resiente algo al compararla con el torrente, curioso que le suceda lo mismo que a otro disco casi contemporáneo como Steve Mc Queen de Prefab Sprout, pero en todo caso las canciones de este debut aún suenan frescas y contundentes, casi cuatro décadas después, cosa que, cuando pienso sobre ello, empieza a acojonarme.


domingo, 19 de junio de 2022

The League Unlimited Orchestra: Love and dancing


Año de publicación: 1982

Valoración: imprescindible

No contentos con definir la esencia de la mezcla de pop y sintetizadores en su inigualado Dare!, The Human League amagan una mutación (solo amagan, la elección del nombre alternativo ya esconde un poderoso guiño a las esencias disco) y completan el colosal logro de su obra maestra aportando una vuelta de tuerca que confirma sus intenciones: ser grandiosos aunque fuera por un corto espacio de tiempo. No a la Warhol, por supuesto, más bien como se podía llegar a alcanzar en ese turbio mainstream británico que combinaba locura y ensalzamiento por la prensa especializada y una absurda pero vehemente elevación de ídolos para aniquilarlos al primer fallo. Y la cosa resulta sencilla, pero ahí también dieron muestras de ser pioneros. Tómese el material de un disco soberbio y combínese sin la mínima contemplación. El título (magnífico: Amor y baile) es de una elegancia supina. Tan osado como descriptivo. 

El contenido, empezando por la pluscuamperfecta extended mix de su hit Don't you want me. Perdonad que tire de archivo personal: escucharlo pinchado en su momento, Studio 54 de Barcelona, sesiones nocturnas, justo el juego de luces en los escasos segundos, tercer minuto, en que el loop se repite en la mezcla, antes de que tome el timón esa especie de rasgueo sintetizado, irrepetible instantánea que muestra la inigualable comunión que la música puede producir en una pista de baile entregada. Pero al margen de la obvia inclusión de su hit eterno, el disco aporta puro placer sonoro, desde la inclusión de Hard times, cuyas voces rememoran alguno de sus trabajos anteriores, hasta la entrañable progresión en crescendo lo-fi en The Things That Dreams Are Made Of, aquí las artes de Martin Rushent (un crimen ignorar su magnífica contribución al sonido del grupo e incluso al aguerrido concepto de entregar una versión alternativa de todo un disco) apelan al dub. Do Or Die avanza con una marcialidad de aires casi medievales. Pero hay de todo y es indudable que este sería un disco de cabecera para muchos de esos músicos que andaban por Detroit trasteando con teclados. Dare! es un disco perfecto e ineludible, Love and dancing es una pieza de complemento que se desborda en cada minuto y que demostró, 1982, que también las canciones perfectas podrían ser elevadas a otros niveles.

domingo, 12 de junio de 2022

Dua Lipa: Future Nostalgia

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable

Sí: pop. Podríamos decir electrónica, funk, disco, podríamos decir muchas cosas de Future Nostalgia y en muchas coincidiríamos, pero siempre nos dejaríamos algo. Así que pop. Este disco es una muestra canónica de pop pluscuamperfecto adaptado a los avances de la música en las últimas décadas, ese que ha integrado sin ningún reparo todos los sonidos que se han ido aportando, no solo en estilo, sino en definición de sonido, en formato de composición, en producción. En términos de calidad, sin ningún pero pues ofrece más de aquello que, a primeras, se exige al pop. Por supuesto hay asequibilidad y uno diría que, gracias, otra vez, a la contención a la hora de incorporar material, once canciones y apenas cuarenta minutos, lo que entrega la duración casi perfecta de la canción pop. Sobre los tres minutos, soltando al oyente antes de que este se canse. Y gracias a Dua Lipa por no abusar de su registro vocal en aquello que hunde a otras divas del pop. Evita el gorgorito, el lucimiento técnico, la búsqueda del exceso que abruma al oyente, todo eso que buscan cantantes como Adele, Dua Lipa se las apaña para evitarlo. 

Lo hace con canciones de enganche inmediato, pero que desvelan matices. Entrando con una declaración de principios, el corte que abre y titula el disco, justo el amago de voz hip-hop que la aleja de la ridiculez, ya anuncia que ahí no se va a amparar en un sonido y a no soltarlo. Don't Start Now parece arrancar donde el primer (y nunca igualado) disco de los Disclosure lo dejó. Gran producción, soberbia línea de bajo, sonido minimalista y uso perfecto de capas de cuerdas (¿Fairlight? ) y su voz, marca de la casa, que suena sincera, convencida y consciente de que, aunque sea el detalle que aporta personalidad a las canciones, hay que dejar espacio al sonido. Tras estas dos canciones, la serie de hits en potencia es imparable y de un promedio poco habitual en este tipo de trabajos. Gracias, de nuevo, por limitarse a once canciones y no dejar que material de relleno estropee el promedio, e incluso así mostrar sanas influencias (desde INXS hasta White White Town, las visibles, Chic o Daft Punk siempre gravitando ahí) y mucho gusto en todo momento. Porque todo resulta sofisticado y elegante pero no frívolo. Esa sensación que desprende el sonido es lo que la convierte en una perfecta estrella pop, de una sencillez y empeño curiosamente contagioso (su sesión para Tiny Desk es una delicia de gusto y contención) y en un ícono global en un nivel bastante concurrido en el que se ha abierto una brecha que, esperemos, pero este es un mundo difícil, sepa aprovechar por algún tiempo.


domingo, 5 de junio de 2022

The Haxan Cloak: Excavation

Año de publicación: 2013

Valoración: muy recomendable

Para los fanáticos del vitalismo hedonista y la placidez despreocupada que desprendía el último disco comentado aquí (el debut en largo de Astrud Gilberto), que sepáis que no hay nada más idóneo que escuchar este Excavation de The Haxan Cloak (nombre tras el que se esconde el músico británico Bobby Krlic) para darse cuenta, o al menos eso defiendo con tesón, de que no hay mejor actitud ante la música (y ante su casi imbatible cualidad de activar sensaciones) que la apertura absoluta de miras. 

The Haxan Cloak producen música al margen de voces, de melodías, de argumentos comerciales. Esto es sonido en estado puro y sin necesidad de ceñirse a argumentos convencionales, mucho más turbio en su forma que, por ejemplo, Throbbing Gristle o Aphex Twin, y no sé si ello es premeditado o consecuencia del background de su autor. De forma muy coherente, uno de sus trabajos posteriores es la banda sonora de Midsommar, esa inquietante película de terror a la luz del día, porque lo que queda muy claro en las piezas de este Excavation es su eficacia en la recreación de ambientes, su enorme poder para generar capas y que éstas se integren con una coherencia que parece más sonora que convencionalmente musical, pero que curiosamente tiene sentido y lo tiene más a cada escucha, con lo que nos encontramos, paradójico, en una laguna de pura abstracción que genera escenarios visuales en vez de complementarlos. Cuesta encontrar equivalentes sonoros a este torrente de bajos subsónicos, sintetizadores manipulados y grabaciones tratadas, aunque podríamos tantear entre los primeros minutos de Closer de Richie Hawtin, algunas bandas sonoras de Warren Ellis o Jonny Greenwood, sin olvidar las partes más calmadas de la última época de Scott Walker. Los auriculares obran un efecto adicional puesto que la producción es meticulosa y casi un componente más de la música, tan alejada del ruidismo de Merzbow o Beaumont Hannant como de la placidez ambient o de la elegancia neoclásica de Johann Johansson u otros músicos de la corriente de hace una década. Con aspectos que lo enlazan con la música industrial, los bajos drone y, por supuesto, el dub extremo de grupos como Techno Animal. Desprende una sensación extraña, como una especie de sordidez solemne e irreal, una tensión no asfixiante pero sí tenue e inquietante. Seguramente se trate de un músico que no se prodigue mucho, aunque algunos (Goldfrapp, por ejemplo) se apresuraron a recurrir a él en búsqueda de ese sonido indescriptible. 

Nada más alejado del pop y las radiofórmulas, simplemente música contemporánea explorando las (cada vez más escasas) nuevas vías.

El disco completo aquí.


domingo, 29 de mayo de 2022

Astrud Gilberto: The Astrud Gilberto Album


Año de publicación: 1965

Valoración: muy recomendable

La historia de coincidencias por la que Astrud Gilberto acabó desarrollando una carrera como cantante ya es conocida. Y la velocidad a la que los acontecimientos se precipitaron, notable. No pasó ni un año desde que aportara su voz, cálida y sensual pero con obvias limitaciones técnicas, en las canciones de esa biblia del género que fue Getz / Gilberto y ya se enfrascó en la publicación de este primer disco, donde contó con todos los requisitos para convertirse, de inmediato, en otro clásico. Publicado por Verve, sello emblemático de jazz, producido por Creed Taylor (que había aportado gloriosos arreglos) y, por supuesto, con la inestimable ayuda de Antonio Carlos Jobim, que aportó guitarras y la autoría de la mayoría de las canciones, cómo no. Si la bossanova era el estilo en eclosión, darle la espalda era una estupidez.

Gilberto alterna inglés y portugués en las canciones, once en un disco que no llega a la media hora, y prácticamente define el género y se condiciona, claro, su carrera posterior. Cantaría mejores o peores canciones (son sublimes sus rendiciones posteriores de The shadow of your smile o Manha de Carnaval), pero su voz, dulce y perezosa, se convertiría en una especie de marca de la casa e influiría a varias generaciones (desde lánguidas cantantes hasta grupos vanguardistas como Stereolab o Broadcast). El peso del material de Jobim es enorme aquí, y ello representó, a la larga, un lastre para Gilberto, que siempre fue "la chica que cantaba en Girl from Ipanema", pero es absurdo olvidar la relevancia de otras canciones, que aunque solo sirvieran para apuntalar el estereotipo son, pasados los años, eternos clásicos, revisitados por otros artistas pero siempre con la indeleble sensación de que esta era (con permiso de Joao Gilberto) su mejor versión. Canciones sencillas con deliciosos arreglos y melodías indelebles.

El álbum completo, aquí The Astrud Gilberto Album

domingo, 22 de mayo de 2022

Nancy Sinatra & Lee Hazlewood: Nancy & Lee

Año de publicación: 1968

Valoración: muy recomendable

Los 60... Apenas unos segundos instrumentales y la voz de Lee Hazlewood entona el primer fraseo: su diafragma parece estar cuarteado y apunto de romperse. Podéis reíros de la voz agónica de Tom Waits, pero la de Hazlewood no le va a la zaga, parece que acabe de bajarse de un caballo tras atravesar el desierto sin tomar líquido alguno en una semana. Entona, junto a Nancy Sinatra (sí: hija de) el clásico de los Righteous Brothers You've Lost That Lovin' Feelin' que aunque fuera una moda de la época, no me parece una canción que marque el tono del disco. Quizás, por demasiado obvia (aunque hasta la Human Leaguet la versioneara pasados unos años) para lo que tiene que venir. Que es un ejercicio extraño erigido a clásico por el paso del tiempo. 

El disco, once canciones y algo más de media hora, se escinde en dos partes con difusas fronteras: las canciones más escoradas hacia el country más canónico son obvias y casi grotescas: hay algo incómodo y ya completamente caduco en canciones como Elusive Dreams o la ramplona Jackson, casi parodias con aire kitsch que queda compensado con la inclusión de los números más osados, donde se opta por la introducción de elementos pop, que junto a las cuerdas y los fabulosos arreglos, como Summer Wine o al avance reptílico de la mejor canción del disco: Some Velvet Morning, junto a Lady Bird. señales inequívocas del reto interpretativo que supone el LP. No fluye química sexual, o no lo hace de una forma sana y abierta, Hazlewood parece un cazador de recompensas plantado en un estudio, aunque atesora las labores compositivas, Nancy Sinatra actúa como si fuera una pin-up aunque sus formas vocales ya habían llamado la atención y había protagonizado la sempiterna canción de créditos en una película de la saga Bond. Obviamente un disco muy recomendable por su notable poder de influencia y evocación.