domingo, 18 de noviembre de 2018

Rosalía: El mal querer

Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable

Primer planteamiento que me hago. Si, por su alineación estilística con el flamenco, dispongo de la más mínima autoridad moral para reseñar un disco cuyo género "principal" no es algo que yo conozca en profundidad.
Y me respondo: pero esas bases, esa actitud callejera (alguien cercano me dice, algo forzada), ese devaneo con lo electrónico y esa vocación de globalidad, digo, no pesará más esa etiqueta algo genérica, pop, que no puedo resistirme a adjudicarle al disco.
Porque en sus actuaciones se presenta con coreografía. Porque ya ha sido objeto de atención (perdón: de veneración) en sitios como Pitchfork. O ha salido en ese tótem que es el show de Jools Holland y la ha reseñado un icono british como The Guardian y, pero esto ya es más cosa de la arrolladora maquinaria del marketing de Sony, su disco se anuncia en Times Square que es la esquina más célebre del planeta.
El marketing también insiste en presentarla como una sencilla chica catalana que aún vive en Sant Esteve de Sesrovires: pueblo famoso por la fábrica de Chupa Chups y por la prisión de Can Brians. Pero aquí al lado. Media hora conduciendo y podría plantarme ante su casa y pedirle una reseña más entrevista y a lo mejor saldría de mi gran duda. 
Que es conocer sus intenciones. Porque en medio de toda la vorágine, las acusaciones de apropiación, de uso de referentes culturales ajenos, las manos a la cabeza de los puristas (menudo el género flamenco para discusiones sobre purismo, intuyo), el escepticismo sobre esa oleada de expectación, la previsible (día 17: segura, abrumadora) saturación que se avecina, sin ir más lejos con los Grammy para los que está nominada entregándose la noche del día (jueves 15) en que me decido a escribir esta reseña, básicamente porque a ciertos discos, este es uno, anticipo, no tiene sentido darles la espalda para hacerse el snob, por eso, he prestado su debida atención al disco, apenas media hora y once canciones (ya puedes estirar su impacto pues media hora de música no da para tanto, Rosalía), y ahora los admiradores salen de debajo de las piedras, y tus intenciones, perdona que me atreva a pedir que lo aclares, deberían mostrar si talento y carisma y seguridad en ti misma son suficientes para optar por las compañías adecuadas. 
O sea, algún día habrás de elegir si colaboras con Kendrick Lamar o James Blake (algo suena a James Blake en alguna canción de El mal querer) o lo haces con alguno de esos bichos advenedizos sin talento como Alejandro Sanz, que se van a dedicar a cortejarte, a adularte, puede que a pretender apadrinarte. Por favor, envía a la mierda a tipos como Alejandro Sanz y a toda la generación de OT. Deberías jugar en otra liga.
De momento, por eso, tienes el beneficio de la duda. Tu disco es un muy buen disco de música que toca aquí y allá, fusíón, dicen, otro concepto peligroso, que innova casi sin querer y sin pasarse. Bien producido, con un tracklisting inteligente que elude sentar el culo en un sonido concreto. Quizás, quizás, iniciarlo con el adelanto en single, esa infecciosa (y premiada) Malamente, represente una elección algo obvia. Pero se desarrolla de forma rápida y se engulle antes de que uno se dé cuenta. En mi caso, pasando rápidamente por los temas a capella, que suelo despreciar de antemano. Lo de hablar de gitanillos y de la Luna en las letras vamos a dejarlo correr. Seguramente la mayoría de la gente que compre el disco no entienda ni jota de tus letras. El sonido y ese fraseo tuyo puede que apabullen a quienes no están acostumbrados a esas sonoridades exóticas, a eso de la fusión. Pero en este micromundo de aquí ya ha habido artistas que te han abierto brecha. La Mala Rodriguez o la irregular Bebe. O las aventuras más escoradas hacia el flamenco de Sílvia Pérez Cruz. Por no hablar de la actitud de otra adorada por Pitchfork, la mismísima Bad Gyal, con la que compartes pose poligonera, estilismo desavergonzadamente choni y claro, adaptación de los ritmos trap.
Subirte a esas nubes puede marearte, claro. Seguramente el mejor consejo que podría dar aquí sería que quien quiera disfrutar con tu música empiece por alejarse de todos los medios (sábado 17, tres páginas en el suplemento de cultural y dos páginas en información general, más portada de un solo medio) que van a saturarnos sobre tu figura y sobre tu obra. Los que van a decir que están hartos de ti porque estás hasta en la sopa van a tener razón. Pero en la corta distancia, auriculares y de noche, o conduciendo por una autopista sin demasiado tráfico, sin el oropel de las coreografías, de tu poderosa imagen de mujer joven empoderada y con dominio de su carrera (o sea, como debería poder ser todo el mundo), canciones como Di mi nombre, con su poderoso ritmo de sonoridades dubstep, o la excelente Bagdad (solo los barceloneses podemos comprender esa mención al sitio de donde sale la protagonista de la canción), si son respetadas por la sobre-exposición, merecen su pequeño lugar en el boulevard de la fama local. Lo demás, básicamente el pandemónium,  las hipérboles a que la artista se encontrará expuesta en los próximos meses, no puede preverse. Pero sí contestarse. Me conformo que en un par de años entregue otro disco tan bueno, tan valiente y tan seductor como este.

5 comentarios:

  1. Ahora sí está usted en su salsa Sir Françesc. Buena reseña. Certero análisis. No he escuchado el disco entero: a solas, con calma, como debe ser vaya. A priori no es mi salsa. Menudo cambiazo: del anterior de flamenco heterodoxo (como Silvia, que también pone en pie de guerra a los del flamenco puro, la Mala sin embargo para mí de mal en peor...). Me sobran coreografías y marketing, pero olé por ella y por este éxito por tantos años de trabajo. Esperemos, no lo creo, que no se trate de un bluff. Salud Sir.

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  2. No me gusta Alejandro Sanz, pero si a usted le llamaran "bicho advenedizo sin talento", no sé por qué tengo la impresión que lo consideraría un insulto.

    Mi opinión es que en una crítica esas expresiones no deberían producirse.

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    1. Perdón: no suelo responder a los comentarios en este blog tanto por falta material de tiempo como por cierta convicción de que las discusiones sobre música suelen ser un poco estériles. Cada uno asocia discos y momentos de forma tan libre e injustificada que me resulta tan imposible sustentar ciertas tesis como refutar otras.
      Pero esa educada recriminación respecto a ese "insulto" sí que me empuja a reiterarme. Completamente legítimo defender a Alejandro Sanz y recriminarme que use ese recurso de la mofa. Pero es que Alejandro Sanz no está solo en esa ínfima categoría de pseudomúsicos insustanciales al servicio del mercado y perjudicando con sus eyecciones un arte tan elevado (glups) le acompaña un nutrido grupo: Sergio Dalma, Melendi, Miguel Bosé, David Bisbal, Malú, Dani Martín, o sea, una lista interminable de gente mediocre y prescindible que conforma el deprimente star-system de la industria musical estatal. Todos a una cámara insonorizada y aislada del mundo, y quien quiera que les eche comida por el resquicio de la puerta.

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  3. "Mofa", "insulto"... Sé que no es el sitio ni el lugar, pero esto es un foro abierto en una red social al que puede acceder cualquier persona. No es la mesa de un bar en la que uno expone sus opiniones o críticas de la forma en la que le apetezca.

    Eso por una parte. Y por otra, lo que me molesta es esa ley del embudo que impera hoy en día, esa "finura de piel" para según que cosas; ese mofarse de autores "estatales" como si no cocieran habas en otros sitios.
    Perdón pido yo también

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