domingo, 1 de octubre de 2017

LCD Soundsystem: American Dream


Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

Provoquemos un poquito para empezar. La crítica mima a LCD Soundsystem porque James Murphy parece un crítico, y eso predispone. Predispone tanto como esa pinta accesible de tipo que no se cambia de camiseta ni se afeita para dar un concierto y predispone tanto como que en ese descanso de un lustro que el grupo se ha dado lo único relevante que se ha sabido de él es lo de sus tareas de producción para Reflektor de Arcade Fire y que parecía hacer lo mismo para Blackstar de Bowie y acabo limitándose, parece, a tocar los bongos. Un descanso que parecía, se había anunciado como definitivo, pero que se ha quedado en un extenso lapso entre discos (inferior, por ejemplo, a los que se toma Portishead) sin que parezca que se haya producido nada destacable, quizás una pequeña depuración de sonido, una matización de sus aristas que aporta a American Dream una curiosa inmediatez, quizás algo engañosa pues si algo se desprendía de los tres primeros discos del grupo era su capacidad de crecer en el oyente a medida de las escuchas. Curiosamente, me ha invadido cierta desazón al comprobar que este disco funciona un poco al revés. La primera escucha deslumbra, y si bien sería cruel decir que las subsiguientes hacen que el disco pierda fuelle, sí que es cierto que el fogonazo se desvanece en parte y se acusa una cierta linealidad de sonido y, dentro de lo que es un disco bastante heterogéneo, una chocante cura por evitar las estridencias que aportaban brillo, por ejemplo, a su primer disco.
¿Y qué se nos ofrece detrás de esa portada con regusto a salvapantallas de Windows 95?
Pues sonido brillante (pero no resplandeciente) al que pueden etiquetarse influencias a raudales. Propio de un grupo ecléctico, sí, propio de un grupo cuyos componentes superan la cuarentena y son esponjas de absorber y regurgitar influencias (a la letra seminal de Losing my edge me remito), pero el listado es extenso y detallado:

Human League era Travelogue / Reproduction
Bowie era Low
Joy Division era Unknown pleasures
Talking Heads era Fear of music / Remain in Light
Magazine era Real life

Todos ellos discos de la segunda mitad de los 70 o del mismo año 80, todos ellos discos que de una manera u otra se consideraron adelantados a su tiempo, todos ellos discos alejados de los parámetros habituales del rock.

De esta amalgama (a la que no estaría de más añadir alguna sonoridad de los propios Arcade Fire o el sonido levemente obsesivo de Shaking the Habitual de The Knife) surge un disco difícil de clasificar pues combina momentos introspectivos y casi ensoñadores en el tema que le da título, con su riff de sintetizador tomado prestado de Human League, con arrancadas marca de la casa como Call the police, ejemplo paradigmático del sonido del grupo en cuanto a fusión sonora, aquello que les procuró el adjetivo de arty-dance-post-punk que pocas bandas han sabido emular, con su agresividad sonora incorporada desde los filtros usados para tratar la voz de Murphy, ejemplo clásico de cantante negado en los aspectos técnicos pero capaz de transmitir esa especie de mezcla de agresividad rebelde con tonalidades levemente frágiles tan á la page. Situándose en la corte de cantantes poco ortodoxos que inauguró David Byrne y puede seguir con Ezra Koenig.
Pero sigamos. Una cualidad de este disco es la variedad de ambientes: Tonite parece armado con la estructura rítmica de los primeros Daft Punk, y las dos grandes influencias del disco, Talking Heads y David Bowie, surgen por doquier, como en la áspera Change yr mind, que puede parecer tanto un descarte de Fear of music como de Scary monsters, o la mejor canción del disco, esos doce minutos de goce e introspección que es Black Screen, portentosa balada-de-fin-de-alguna cosa cuya parte final pudiera ser el mejor testimonio de atracón de sintetizadores analógicos desde que Bowie cerró la puerta del estudio tras grabar Low. 
¿Quieren decir todas estas influencias nada disimuladas que estamos ante una enorme obra dedicada al multi-plagio? Pues no: todo ello es obvio y es bien administrado, y después de todo el grupo ya ha demostrado en sus tres discos anteriores que era muy capaz de aportar sus propios hallazgos. Tampoco creo que se trate de un homenaje, más bien una reivindicación de ese sonido concreto que, con la excepción del fugaz movimiento electro-clash y las revisiones de bandas como The Rapture, Ladytron o Franz Ferdinand, siempre ha parecido no ser merecedor de un revival.
La cuestión que aún no soy capaz de responder es si este disco colma las expectativas generadas por ese retorno, si después de esa falsa espantada este material era suficiente pretexto para reconsiderar esa severa decisión. Para ello vamos a tener que recurrir al topicazo del paso del tiempo como juez de todas las cosas. Quizás no haya que tomárselo tan a la tremenda. Para disfrutar hoy, American Dream es más que suficiente.

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