domingo, 17 de septiembre de 2017

Lou Reed: Transformer


Año de publicación: 1974

Valoración: imprescindible

Para su segundo disco en solitario tras dejar la Velvet Underground, Lou Reed decidió recurrir a las amistades. Nada menos que David Bowie interviene produciendo y aportando voces (muy distinguible su voz entonando los pom-pom-pom en Satellite of love). Y, sin renunciar a su personalidad como artista, la maniobra surge efecto. Un efecto deslumbrante, porque habrá quien prefiera la agresividad de sus discos en vivo o la tristeza de Berlin, pero Transformer es el disco por antonomasia de su autor y, seguramente, una de las piezas clave en la historia de la música, renunciando al impacto sonoro (todo en este disco es tan sutil, con una especie de elegancia perezosa que impregna cada surco), otorgando protagonismo a las partes vocales (casi recitadas, marca de la casa), pero a la vez compensando la parte instrumental en un equilibrio prodigioso que muchos llevan tiempo intentando imitar. Cuestión difícil: Transformer tiene, entre otras muchas cualidades, la de sonar como un disco donde su autor ha vivido en ese mundo que describe. Aquello de la autenticidad. Sin ser necesario entender las letras, y aunque la historia acumulada por Reed - amistad con Warhol,  ambigüedad, adicciones, etc. - ya se encarga de advertirnos, estas son historias donde los personajes marginales pululan. Ya la contraportada del disco en vinilo mostraba una poderosa imagen: mujer atractiva de aspecto ambiguo con chulo en peculiar pose luciendo considerable erección palpitante bajo el blue-jean. Y todo oscuro y como de callejón o trastienda de club nocturno y de ambiente a la vez fascinante y poco recomendable. 
Pero todo eso carecería de relevancia si no lo acompañase el ramillete de espléndidas canciones con condición de clásico instantáneo que desfilan una por una, encabezadas por el tema más paradigmático del cantante (ergo: la canción que tanto reportero original se aventuró a situar de fondo cuando falleció): la eterna, aunque sobreexpuesta Walk on the wild side, a la que siguen canciones en apariencia sencillas pero con una inspiración y un poder evocador considerables. Satellite of love, conducida por el piano y dispuesta a que Rufus Wainwright la usase de inspiración para toda su discografía. Wagon wheel, guitarra rítmica que acompaña un medio tiempo en el que Reed parece estar lo más cerca de cantar con aires clásicos, Make up, canción de amor que parece esconder algo turbio, con un cierto aire cabaretero (parece un oboe lo que contesta la voz en cada verso) acompañando ese vals con aires despedida que es Goodnight ladies, evocada una y otra vez en la futura carrera de Tom Waits, y otro de los futuros clásicos, Perfect day, o como hasta las estrellas del underground neoyorquino de los setenta nombraban la sangria in the park mucho antes del bochornoso café con leche.
Transformer es de esos discos (normalmente grandiosos) que se explican mucho mejor simplemente sugiriendo al oyente que lo escuche y se deje llevar. Por algún motivo Lou Reed parecía asociado a un sonido más contundente (supongo, el riff de Sweet Jane en Rock'n'Roll live) y la sutileza y la aparente simplicidad de su sonido pueden desarmar al oyente. Pero a ello sigue la seducción: una seducción incómoda y desconcertante por cuanto Reed parece juguetear con el equívoco y tender un anzuelo hacia un recorrido perturbador. Se dice que acabó siendo un disco más de Bowie que de él, lo cual desde luego está muy lejos de ser considerado un defecto. Inexplicable, pero una de las cumbres de la música de todos los tiempos.

6 comentarios:

  1. Maravillosa reseña a la altura de este disco imprescindible: ¿Y la portada? Quizás la imagen más conocida de Lou, me encanta: inconfundible con ese siniestro pareció con el clásico Frankestein. De Lou no sabría con que disco quedarme, de la Velvet casi todos, pero de Lou sin duda serían los de los primeros años en solitario.
    Respecto a ese increíble e inconfundible riff que mencionas, es del no hace mucho fallecido Dick Wagner, uno de los héroes del rock (aunque solo fuera por ese riffriff a la altura del "Smoke on the water" sin ir más lejos) tristemente olvidados (por no haber sido acreditado en el álbum entre otras razones)

    ResponderEliminar
  2. Desde luego, estoy de acuerdo con la opinión general de que 'Transformer' es 'el' disco de Lou Reed, el que mejor le define, aunque personalmente tengo una debilidad por 'Berlin'. Quizá son dos perspectivas que se complementan y los dos me parecen imprescindibles.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, si hablamos de discos de estudio porque el Rock and roll animal es enorme, uno de los mejores directos del rock y una muestra de lo mejor de Lou (y de la Velvet). Y permitidme que insista: ¡menudo punteo se marca el Dick Wagner! Impresionante comienzo para un directo.

    ResponderEliminar
  4. Es una obra maestra, sin duda, pero es importante reseñar que en el fondo, a Reed, no le hizo ninguna gracia tener que compartir el éxito de "Transformer" con Bowie, gran culpable (junto a Mick Ronson) del resultado final de este disco genial.

    ResponderEliminar
  5. Gracias a todos. Por cierto, he de conseguir los vínculos a las canciones. Pues "Berlin" acabará aquí, como no, y también algún disco de la Velvet. Y respecto a esos celos, pues esperemos que tanto uno como el otro sean recordados por sus capacidades musicales unidos o por separado.

    ResponderEliminar
  6. Al igual que apunta Pablo GP, parece que en el Rock and Roll Animal también hubo algo de pelusa con el mentado Dick Wagner y ese espectacular riff, y quizás por eso ni lo acreditó ni contó con el para otras giras...lástima.

    ResponderEliminar