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domingo, 19 de enero de 2025

SPELLLING: Spellling & The Mystery School

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable alto

Enorme respeto para Chrystia Cabral, que ha obrado el milagro de publicar un disco que haga salir a este blog del ostentoso letargo/retraso de publicación y, aunque como decimos por aquí, una flor no hace el verano, resulta que este curioso disco activa la espoleta y justifica que me siente al teclado a recomendarlo encarecidamente.

Todo empieza de un modo algo extraño: la entusiasta recomendación de Anthony Fantano de su disco The turning wheel me induce a escucharlo aunque su voz, algo teatral, me produce una sensación algo extraña, como de intentarlo demasiado que no acaba de compensar lo que sí me seduce, que es su portentoso cuidado en los arreglos y su enorme atrevimiento compositivo, evitando escrupulosamente las clásicas estructuras pop y toqueteando un montón de estilos - desde el soul hasta el synth pop pasando por el jazz o el pop de cámara, sin llegar a aposentarse por más de cinco minutos en ninguno. Como muchos discos en los que uno no termina de ahondar, seguramente en ese momento no le doy las oportunidades que se merece. 

Pero entonces, porque al algoritmo que sugiere escuchas algo habremos de agradecerle, surge Under the sun, arreglo proverbial de una de las canciones de uno de sus anteriores discos. En el original, un experimento en clave de ligero wi-fi, pero en la versión que aquí vemos, un suntuoso arreglo de cuerda y una intro de piano, con la justa grandilocuencia, aportan encanto y sofisticación a la canción. Y ese equilibrio se revela: a esa música le faltaba la magia de la producción, algún detalle en los arreglos, alguna armonía vocal, algún lujo en la procucción, toda una suerte de pequeños factores que justifican que Spelling & The mystery school tome cuerpo como trabajo al margen de lo que es: una especie de revisión de un puñado de canciones anteriores al que las mejoras en producción, arreglos, instrumentación otorgan personalidad propia y una entidad que crece a cada escucha. Canciones notables de sus tres primeros discos, como Boys at school, ocho horas de crescendo vocal y de intensidad, Haunted Water como si Kraftwerk se encontrará con Kate Bush, o  Hard to please (reprise), delicada y decidida, parecen elevarse de forma cohesionada y la única pega es que reducen a sus originales, quizás injustamente, a una especie de precaria condición de demos. 

Una maravilla a descubrir.



domingo, 5 de marzo de 2023

Jockstrap: I love you Jennifer B


Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable alto


Horrible portada y dudoso (suspensorio) nombre del grupo. Cosas que darían que pensar si no estamos ante una banda de desgarbados jovenzuelos amantes del lo-fi. 

Pero no: Jockstrap es un dúo de estudiantes que dan el salto a la escena, con dos EPs previos en los que habrá que ahondar, Taylor Skye y Georgia Ellery remiten a los dúos mixtos algo estereotipados. Como Goldfrapp, como Billie Eilish. Varón algo esquivo que solo se siente confortable entre instrumentos, más bien al fondo. Mujer de buena voz que lidera el grupo con firmeza y que empuja al grupo hacia la libertad creativa. 

Porque Jockstrap no suenan como una banda underground. Para nada. Suenan grandiosos como las posibilidades de la producción actual hacen posible sonar. Sin miedo al cambio de estilo o a los elementos aparentemente disonantes, consiguen sonar en este disco (a veces, en la misma canción) a Björk, Propaganda, Saint Etienne, Madonna, Shania Twain y Aphex Twin. Influencias de lo más variadas, respetables todas ellas, que les ayudan a configurar un sonido que resplandece en este brillantísimo debut. Aparte de los dos Ep, tres singles que forman el esqueleto del disco y que gravitan hacia todas direcciones. Eurodisco ochentero guiado por piano en brillante video, Greatest Hits resulta curiosa e incluso única, sin un estribillo visible y una sensación de fundir cuando aún se puede desarrollar. Portentosa en apenas cuatro minuto que se dispara en muchas direcciones. Más canónicos en Concrete Over Water, con sus parones y sus arranques celebratorios, y ya directamente desquiciados en Glasgow, exhalación de aires folk que cuenta con un crescendo de cuerda que tardará semanas en abandonar tu cabeza. Música inintencionadamente emocional, el gran logro del dúo es mantener una coherencia en un álbum que parece interpretado, en cada canción, por un artista diferente, cuarenta y cinco minutos (gracias a aquellos músicos que están ajustando la duración de sus discos a su capacidad de entregar material sin relleno) que atraviesan terreno arisco:  Neon podría pasar por Joni Mitchell hasta que es atravesado por un rayo de distorsión. What’s It All About? contiene el aire primaveral y las cuerdas como si hubiera sido compuesta por Burt Bacharach (RIP), Debra es puro Bollywood y, ya que hemos mencionado a Goldfrapp, Lancaster Court encontraría acomodo en algún rincón de Seventh Tree. Este conjunto de canciones que se engulle con facilidad y descubre matices a cada escucha resulta ser uno de los mejores debuts de los últimos años.

domingo, 4 de diciembre de 2022

Weyes Blood: And in the darkness, hearts aglow


Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable

El aparato promocional de este disco explica que se trata del segundo trabajo para una trilogía que se inició con Titanic rising. Comprendo que la referencia corresponda sobre todo a la tonalidad de las letras de las canciones, pero me cuesta pensar que el disco inmediatamente anterior Front row seat to Earth quede fuera de esta agrupación, cuando, ciñéndonos exclusivamente al aspecto puramente sonoro, aprecio una perfecta cohesión en los tres trabajos y me resulta algo curioso separar el primero de ellos. 

Todo ello porque, concretando, Natalie Mering (compositora y cantante del grupo que usa el nombre para tomar, supongo, entidad como grupo y marcar distancia con el alicaído concepto "cantautora") lleva tres discos en apenas cinco años, y los tres resultan ser magníficos. Diría imprescindibles si no tuviera ciertos reparos a la hora de pensar que su estilo puede tener sectores de público en los cuales despierte cierto escepticismo: difícil encajar en cualquier gusto ese sonido reposado, que combina tonos acústicos con aires oníricos, incorpora texturas electrónicas de aires algo perturbados, que no cósmicos, cuyas canciones cuesta diferenciar a la primera pero que (y son casi treinta en esa ristra de trabajos) desvelan sus diferencias, descubren matices a cada escucha y se incrustan de un modo que podríamos definir con cualquier palabra menos pegadizo. Para nada hablamos de pop convencional, sino de algo a la vez elegante y barroco pero poco convencional. Incluso con un entorno auditivo poco definible. Más cerca de lo trágico que de lo lúdico, la voz de Mering es profunda, dulce y ligeramente grave, las comparaciones (Carpenter, Mitchell) han sido constantes pero esto no es un ejercicio de revisión: estamos en el siglo XXI y cuando aparece ataviada con un conjunto marinero y entre invitados sangrantes en el video de It's Not Just Me, It's Everybody revela esa especie de angustia de principio de década. Un single de seis minutos que crece lentamente conforme van apareciendo elementos sonoros: arpa, orquesta elevan el tono y estamos más cerca de Julee Cruise que de, glups, Enya. Y aunque todo podría rezumar un espíritu adulto, no, esto no es AOR, no puede alinearse ahí, encajar en ese concepto tan perverso y tan opuesto a sus intenciones. El ritmo festivo, casi beachboyano de Children of the Empire, con su piano percusivo y sus trucos sonoros (esos chasquidos en el primer parón), la progresiva inclusión de fanfarria sonora que podría hacerla pasar (pero no) con una canción ligeramente celebratoria. Los juegos de voces, la tonalidad festiva que parece esconder sorpresas. Algo suntuoso y complejo, inexplicable, pero no único: tenemos la solemnidad de Grapevine, el tono casi ceremonioso de And in the darkness o de la inmediata Hearts Aglow, la irrupción electrónica inesperada en The Worst Is Done, casi flirteando con el pop o incluso con el folk más abierto, o el alejamiento del tono acústico - esa caja de ritmos - en Twin Flame completan un disco, otro, brillantísimo, y ya hablamos de un repertorio de clásicos al que quizás pueda reprocharse una escasa voluntad por romper con su sonido, pero solo eso. Magnífica música, magnífico disco.

domingo, 30 de octubre de 2022

Arctic Monkeys: The car


Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable alto

Una mención, en estos tiempos de anonimato digital de los recursos visuales, a esa portada, con esa perspectiva tan propia de los gráficos de los Sims y una especie de adecuación geométrica, una particular obra emblemática que, sin nombrar grupo ni título, pasará (si el mundo es justo) al catálogo de imágenes que se asocian a un grupo. De hecho, una composición visual que tiene su reflejo en el contenido musical: algo aparentemente gris y anodino que va revelando sus detalles. 

Vaya: me hice a mí mismo un pequeño spoiler. Voy a sincerarme: las primeras veces que escuché este disco (la mayoría, una vez acostado y con auriculares) caí dormido. Quiero decir, puede que fueran situaciones en las que estaba algo cansado y el escaso margen en que me mantuve despierto me dio tiempo de apreciar el inicio y como hasta la tercera canción, sin llegar al momento de ruptura (en mi opinión) del disco, que es a partir de la sexta canción. Me resultó algo curioso: al primer single (There’d Better Be A Mirrorball) del disco me parecía percibir que seguía un curioso tándem de canciones que emparejé, respectivamente, con las tonalidades de la primera y segunda cara de LowI Ain't Quite Where I Think I Am, con sus jugueteos funky en los arreglos, incluso con un fraseo en puro tono Bowie, y Sculptures Of Anything Goes, con su desarrollo basado en la percusión electrónica (supongo que todo un sacrilegio para la base de fans histórica de la banda). Curiosas referencias que me sumieron en un cierto escepticismo sobre el disco. Que se completó cuando the needledrop le propinó un sonoro 3,5/10 en su crítica. Creí que mi opinión se decantaba en el mismo sentido, cosas de las premuras por opinar sobre un disco o incluso cierta sensación de urgencia por pasar a algo, pensaba, más disfrutable. Entonces pensaba que el uso continuado del falsete, la inundación de cuerdas y la continuidad con la línea neo-crooner avanzada en Tranquility Base. Hotel & Casino se le había atragantado a la banda. Que los referentes a ciertos tótems de la escena alternativa, el mencionado Bowie o Scott Walker, o el funk suave y sexy de Jet Skis On The Moat, y la necesidad de demostrar que el cambio de sonido era tajante, que el liderazgo de Alex Turner era absoluto ( de hecho, percibía cierta cara de aburrimiento en algún músico en la interpretación de Body Paint, como si añoraran los tiempos de los riff y los ritmos trepidantes) y que el camino de la banda no solo era un suicidio comercial (cosa perfectamente respetable, véase Kid A) sino artístico (véanse millones de ejemplos) y que el siguiente paso solo podría ser (allá por 2025) un regreso a las bases con la cola entre piernas. 

Pero no: las sucesivas escuchas giraron la opinión como un calcetín. Gracias, paciencia, la que seguro que no tuvo Anthony Fantano, la tuve yo. La segunda mitad del disco, la que no llegaba a disfrutar,  sumido en el sueño, empezó a resplandecer, seguramente al decidirme a escucharlo de día. Y apareció el tema que le da título, con su poderoso y marcial bombo, su avance casi acústico, su tono narrativo y su solo de guitarra casi morriconiano, ojo, la cosa empezaba a mostrar sus capas y el escepticismo cedía a un entusiasmo que se había hartado de ser contenido. El siguiente tema lo confirmaba: la desinhibición era absoluta, la necesidad de reafirmarse en el cambio había quedado satisfecha y tocaba liberar el sonido:  Big Ideas parecía ironizar sobre esa situación: "I had big ideas the band were so excited". Delicioso arreglo de cuerda y glorioso solo de guitarra que ha sido pasto de un aluvión de recreaciones. Este, por cierto, más cerca de David Gilmour de lo que cualquier trabajo de la banda podría hacer presagiar. Como si la condición de Alex Turner como líder aplastante pudiera ser puesta en duda. A los que dicen que este es un disco del solista (o de su proyecto alternativo The Last Shadow Puppets) no se les puede ni confirmar ni contradecir: el tono ligeramente frívolo de Hello You resulta curiosamente discordante pero volvemos a tener un arreglo de cuerda que remata a la perfección el tema. Y Mr Schwartz nos acerca al final con tonos de jazz fresco y casi tropical, (otra vez, las cuerdas) como si los Style Council hubieran rejuvenecido en un punto intermedio entre Paris, Rio de Janeiro y Philadelphia. 

Prácticamente hemos destacado todo el disco. Pocos trazos de esa eventual dictadura creativa lo sea a costa de unos músicos abatidos y tiranizados. Menos aún de que el giro creativo sea una travesura o una apuesta a caballo perdedor. Siete discos son muchos para una banda como para entregar este destacadísimo ejercicio de eclecticismo y buen gusto en las influencias. Los incondicionales de sus primeros trabajos, ariscos y nervudos, demostrarán haber crecido con ellos asimilando su brillante evolución o despotricarán si pretenden esperar de la banda un bucle de repetición y hastío. Todo el mundo es libre de decidir. Todo el mundo puede optar por criticarles tras pocas y poco atentas escuchas. Claro. Ellos se lo pierden.

domingo, 28 de agosto de 2022

Ed Maverick: MPLLETC

Año de publicación: 2018

Valoración: bastante recomendable

Como muchos, supongo, la primera referencia de Ed Maverick que tuve en mi vida fue a través de su intervención en El madrileño, gloriosa canción en la que su poderosa voz sonaba y contrastaba, e incluso su intervención en el video resultaba curiosamente fascinante. Sobre todo cuando uno se entera que el hombre en cuestión es apenas un muchacho de algo más de veinte años. 

Y claro, la voz: el mexicano dispone de un contundente registro vocal grave y dolorosamente seguro, para nada el propio de su edad y de su, especulo, escaso bagaje vital. Aún así, este su primer disco, en realidad catalogado como mixtape resulta adecuado en el contexto de angustia teenager (MPLLETC es el anagrama de "Mix para llenar en tu cuarto") y las temáticas de las letras encajan en ese perfil ligeramente ingenuo de amores locos o amores no correspondidos, circunstancia que le debe haber procurado no pocos adeptos que se identifican con ese perfil: el adolescente (rango de edad cada vez más extenso) que se encierra entre cuatro paredes a mortificarse sobre la cruda realidad y los golpes que esta le depara en forma, básicamente, de desengaños sentimentales. Ese es un detalle que allana algo las canciones, junto a una decidida actitud do it yourself que redunda, junto a la sencillez de los arreglos, en una especie de sensación unitaria que, seguramente, sería algo agobiante si el disco se extendiera, pero es apenas media hora de canciones encabezadas por Fuentes De Ortiz, seguramente en su producción (áspera pero efectiva) y en su video debió irse la mitad del presupuesto. Y cómo marca el tono, hasta el punto de que alguna de las otras canciones acaba reproduciendo su estructura, lógico cuando la presentación es básica: guitarra y voz, en distintas tesituras de producción, incluyendo un descarado lo-fi o pequeños remedos de hits como Acurrucar - maticemos lo de pequeños, con cientos de millones de visitas, aunque en algún caso puede en karpe diem abandone el entorno folk y, aunque sea por necesidad de abandonar su zona de confort, coquetee con ese nauseabundo género que es el pop-rock. Vamos a confiar en que sus trabajos posteriores sepan mantener la esencia de lo mejor de este disco y no se deje contaminar en exceso por la abulia mainstream.

domingo, 31 de julio de 2022

Air: Le Voyage dans la Lune


Año de publicación: 2012

Valoración: muy recomendable

Podría sonar a trabajo de despedida, ya que, más de una década más tarde, este sigue siendo el último trabajo oficial del dúo francés. No lo es, al menos de forma oficial. Creo recordar que aportaron música de fondo a una exposición, o algo así, que podría sonar a movimiento coherente aunque algo snob, pero tampoco es que este Le voyage dans la Lune fuera a desentonar si su función es un final de carrera. Para bien o para mal, el descenso desde Moon Safari parecía ineludible y solo la suavidad de la decadencia alejaba a los entusiastas de la banda de cualquier alarma. Parecían fundirse en gris y sus discos empezaban a alternar sonido clásico del grupo con experimentos discordantes (el silbido en Alpha Beta Gaga) que insinuaban cierta desorientación. 

En todo caso, la media hora justita que entregan como colchón sonoro para la edición con color añadido del entrañable clásico de Georges Méliès resulta sorprendentemente inspirada. Quizás a la banda le faltara el empujón de una fuente inspiradora externa, quizás esa evocación planeadora complementaba su voluntad retrofuturista, pero el experimento resulta. Nada de electrónica flotante, atrás queda el ambient e irrumpe una especie de sonido atrevido y algo distorsionado, la evocación extraída de las imágenes de un siglo atrás se traduce en tonalidades melancólicas, aires relativamente progresivos, no tanto como los que saturaban su banda sonora para Sofia Coppola o su incomprendido 10000 Htz Legend, pero en cualquier caso inspirados y cohesionados. El dúo se desprende del formato álbum de canciones que había atenazado Love 2 y se les nota a sus anchas, quizás por última vez. Quizás los royalties aún les duren para vivir y no volvamos a saber de ellos. Quizás las previsibles reediciones, las giras, alguna producción ajena. El respeto ya se lo ganaron y Le Voyage dans la Lune puede parecer un fugaz regreso a la forma, o un canto del cisne, pero es un disco muy notable cuando parecía que podría tratarse de una broma.

El disco entero, aquí


domingo, 24 de julio de 2022

Pulp: We Love Life

Año de publicación: 2001

Valoración: muy recomendable

Si se entiende que el último disco en la carrera de un artista ha de tener algún significado, transmitir un mensaje codificado, que Pulp terminara su andadura con un disco como We Love Life solo sería un elemento más de su constatación como una de las mejores bandas de la historia, en cuanto a concentración y calidad de carrera se refiere. Sus cuatro últimos discos son gloriosos. 

En distintos niveles, e incluso cuando parecen ser colecciones de canciones de géneros diferentes, tal es su alcance como grupo. 
Por supuesto, We love life es el menos popular de ellos. No dispone de esos singles nervudos y llenos de ganchos que eran Common People o Babies. Cuestión que les alejó de las ventas de siete cifras, cuestión que los aparcó definitivamente en un estado diferente al britpop, con Oasis hundiéndose en el muro de sonido y Blur huyendo hacia cualquier dirección, de la etiqueta. We love life completa el desvío que This is hardcore había tomado, pero cuenta con una ayuda extra. La banda recurre para la producción a Scott Walker, obvio ídolo de Jarvis Cocker y, ya por aquel entonces, recluido y absolutamente ajeno al pop de masas o al rock convencional. Y consigue hacer notar su intervención, pero no se apropia del disco, abre un espacio en que la banda se siente cómoda y el disco no acusa el agotamiento propio de los discos de despedida, si es que esa decisión llegaba a estar presente en su concepción. Lejos de eso, el sonido es rico, dinámico y por momentos avasallador. Las canciones más largas adquieren una tonalidad épica en que es fácil abrumarse por el torrente sonoro, pero cada instrumento está en su sitio. Los desarrollos en esas canciones suenan lógicos, naturales, y el contrapeso de temas más breves y ligeros funciona a la perfección, equilibrando el disco sin renunciar a una sensación cohesionada.
Y tampoco es que se echen de menos los singles directos: las canciones más cortas suenan matizadas y más adaptables a patrones pop, mientras que las largas son extrañas, como si fueran concebidas como para representar una suite. El propio título del disco, habida cuenta de la ironía siempre presente en sus letras, parece conscientemente retorcido, e incluso la opción de abrir con dos canciones tituladas igual (
Weeds Weeds II, esta última parece un brillante outtake en pleno modo Screamadelica) se erige en una especie de declaración de principios: no estamos ante un disco convencional) dejando paso a un número excelso, con poderosos y limpios riff  en The Night That Minnie Timperley Died, para continuar el disco alternando elementos casi pop en  The Trees o  The Birds In Your Garden con los temas largos que establece el fondo del disco. Calma y saturación alternan el tema que titula el disco, en Sunrise Pulp o en  Wickerman, con sus momentos shoegaze intensos, qué poco daba que pensar que estábamos ante su último material grabado.


domingo, 12 de junio de 2022

Dua Lipa: Future Nostalgia

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable

Sí: pop. Podríamos decir electrónica, funk, disco, podríamos decir muchas cosas de Future Nostalgia y en muchas coincidiríamos, pero siempre nos dejaríamos algo. Así que pop. Este disco es una muestra canónica de pop pluscuamperfecto adaptado a los avances de la música en las últimas décadas, ese que ha integrado sin ningún reparo todos los sonidos que se han ido aportando, no solo en estilo, sino en definición de sonido, en formato de composición, en producción. En términos de calidad, sin ningún pero pues ofrece más de aquello que, a primeras, se exige al pop. Por supuesto hay asequibilidad y uno diría que, gracias, otra vez, a la contención a la hora de incorporar material, once canciones y apenas cuarenta minutos, lo que entrega la duración casi perfecta de la canción pop. Sobre los tres minutos, soltando al oyente antes de que este se canse. Y gracias a Dua Lipa por no abusar de su registro vocal en aquello que hunde a otras divas del pop. Evita el gorgorito, el lucimiento técnico, la búsqueda del exceso que abruma al oyente, todo eso que buscan cantantes como Adele, Dua Lipa se las apaña para evitarlo. 

Lo hace con canciones de enganche inmediato, pero que desvelan matices. Entrando con una declaración de principios, el corte que abre y titula el disco, justo el amago de voz hip-hop que la aleja de la ridiculez, ya anuncia que ahí no se va a amparar en un sonido y a no soltarlo. Don't Start Now parece arrancar donde el primer (y nunca igualado) disco de los Disclosure lo dejó. Gran producción, soberbia línea de bajo, sonido minimalista y uso perfecto de capas de cuerdas (¿Fairlight? ) y su voz, marca de la casa, que suena sincera, convencida y consciente de que, aunque sea el detalle que aporta personalidad a las canciones, hay que dejar espacio al sonido. Tras estas dos canciones, la serie de hits en potencia es imparable y de un promedio poco habitual en este tipo de trabajos. Gracias, de nuevo, por limitarse a once canciones y no dejar que material de relleno estropee el promedio, e incluso así mostrar sanas influencias (desde INXS hasta White White Town, las visibles, Chic o Daft Punk siempre gravitando ahí) y mucho gusto en todo momento. Porque todo resulta sofisticado y elegante pero no frívolo. Esa sensación que desprende el sonido es lo que la convierte en una perfecta estrella pop, de una sencillez y empeño curiosamente contagioso (su sesión para Tiny Desk es una delicia de gusto y contención) y en un ícono global en un nivel bastante concurrido en el que se ha abierto una brecha que, esperemos, pero este es un mundo difícil, sepa aprovechar por algún tiempo.


domingo, 5 de junio de 2022

The Haxan Cloak: Excavation

Año de publicación: 2013

Valoración: muy recomendable

Para los fanáticos del vitalismo hedonista y la placidez despreocupada que desprendía el último disco comentado aquí (el debut en largo de Astrud Gilberto), que sepáis que no hay nada más idóneo que escuchar este Excavation de The Haxan Cloak (nombre tras el que se esconde el músico británico Bobby Krlic) para darse cuenta, o al menos eso defiendo con tesón, de que no hay mejor actitud ante la música (y ante su casi imbatible cualidad de activar sensaciones) que la apertura absoluta de miras. 

The Haxan Cloak producen música al margen de voces, de melodías, de argumentos comerciales. Esto es sonido en estado puro y sin necesidad de ceñirse a argumentos convencionales, mucho más turbio en su forma que, por ejemplo, Throbbing Gristle o Aphex Twin, y no sé si ello es premeditado o consecuencia del background de su autor. De forma muy coherente, uno de sus trabajos posteriores es la banda sonora de Midsommar, esa inquietante película de terror a la luz del día, porque lo que queda muy claro en las piezas de este Excavation es su eficacia en la recreación de ambientes, su enorme poder para generar capas y que éstas se integren con una coherencia que parece más sonora que convencionalmente musical, pero que curiosamente tiene sentido y lo tiene más a cada escucha, con lo que nos encontramos, paradójico, en una laguna de pura abstracción que genera escenarios visuales en vez de complementarlos. Cuesta encontrar equivalentes sonoros a este torrente de bajos subsónicos, sintetizadores manipulados y grabaciones tratadas, aunque podríamos tantear entre los primeros minutos de Closer de Richie Hawtin, algunas bandas sonoras de Warren Ellis o Jonny Greenwood, sin olvidar las partes más calmadas de la última época de Scott Walker. Los auriculares obran un efecto adicional puesto que la producción es meticulosa y casi un componente más de la música, tan alejada del ruidismo de Merzbow o Beaumont Hannant como de la placidez ambient o de la elegancia neoclásica de Johann Johansson u otros músicos de la corriente de hace una década. Con aspectos que lo enlazan con la música industrial, los bajos drone y, por supuesto, el dub extremo de grupos como Techno Animal. Desprende una sensación extraña, como una especie de sordidez solemne e irreal, una tensión no asfixiante pero sí tenue e inquietante. Seguramente se trate de un músico que no se prodigue mucho, aunque algunos (Goldfrapp, por ejemplo) se apresuraron a recurrir a él en búsqueda de ese sonido indescriptible. 

Nada más alejado del pop y las radiofórmulas, simplemente música contemporánea explorando las (cada vez más escasas) nuevas vías.

El disco completo aquí.


domingo, 8 de mayo de 2022

Arcade Fire: WE

Año de publicación: 2022

Valoración: bastante recomendable

Arcade Fire es una banda de rock. Con devaneos electrónicos, en función de quién les haya producido, pero una banda de rock. Las bandas de rock suelen llevar bastante mal las curvas descendentes de las carreras, sobre todo ese terrible primer disco que decepciona, el que marca el inicio de la agonía, y ese inicio de decadencia suele manifestarse en cismas dentro de las bandas, que podrían agudizarse cuando las bandas son numerosas, que es este el caso. Nada menos que un componente, hermano del líder, ha abandonado la banda.

Everything Now, anterior disco, pasa, aún por ser su peor trabajo, con mucha diferencia. Antes de eso, cuatro muy buenos LPs, pero ese quinto disco hizo saltar las alarmas. Un sonido a medio camino de todo, experimentos con estilos que no eran, para nada, su especialidad, composiciones que dejaban mucho que desear. Especulo con el medio en el cuerpo que se le metería a la banda cuando vieron como la unanimidad crítica que había abrazado su debut, el ya lejano Funeral, tomaba el camino contrario. Frialdad absoluta y críticas de las que escocían. 

Entonces con este WE parecen haber tomado nota y han recuperado el sonido que les encumbró. Muchos dejes de sus discos anteriores, como las canciones con títulos idénticos, cierto aluvión sonoro ligeramente heredero del rock americano, combinado con lo que parece un mensaje contemporáneo en las letras, junto a otros guiños (la portada, obviamente inspirada en Scott 3) y una opción por la intensidad de manera desacomplejada. Decisión que deja algo frío a primeras, con un obvio aroma a reculada, y una búsqueda algo forzada de antiguas sonoridades, para lo cual han requerido la ayuda de Nigel Godrich, célebre factotum del sonido de Radiohead. Curioso, y uno piensa si todo el disco va a sonar a Exit music (for a film) y, aunque no, la influencia es clara, no avasalladora, pero la combinación resulta: WE aglutina sonoridades de los cuatro discos buenos de la banda, y hay intensidad, algún conato excesivo (ese one, two, three, four, en The Lightning I, II por eso, sobra), curiosas combinaciones sonoras resueltas en arranques sintéticos como cambios de ritmo en las dos Age of Anxiety I, canciones más bien introspectivas, arranques algo dubitativos (la melodía de Imagine resuena en End of The Empire I-III e intentos poco disimulados de desprender mensaje acorde con los tiempos (en Unconditional I (Lookout Kid) parecen los Dexy Midnight Runners) de que el disco sea, sino un retorno a la forma, una clara salida del bache. Y aunque la lógica dice que tardaremos en ver la continuación de WE), el disco abre la vía a cierta esperanza: la banda todavía no ha enfilado la ruta U2 o la ruta Coldplay, parece tener, aún, algo que decir. Simplemente, han tirado de oficio para subsanar el error de Everything Now. Quizás, de forma demasiado obvia. Pero dejando lugar a la esperanza.

domingo, 3 de abril de 2022

Rex Orange County: Who cares?


Año de publicación:
2022
Valoración: muy recomendable

Debo reconocer que no sabría ni quién es Rex Orange County de no haber aportado su voz ligeramente perezosa a un par de canciones en el brillante Flowerboy de Tyler The Creator. Y que este Who cares?, cuarto disco del músico británico puede que no sea uno de esos trabajos innovadores y arrebatadores que cambia el panorama musical, pero resulta tratarse del típico disco que, aún sonando algo plano de primeras, crece con las escuchas y revela capas que lo acaban convirtiendo en un disco muy notable.

Podríamos llamarle cantautor pero quizás la definición queda demasiado encasillada en la clásica imagen, y no, Alexander O'Connor desprende una imagen nada sofisticada, parece un estudiante con un trabajo precario a media jornada, muy adecuado a sus escasos veinticuatro años, y sus primeros pasos se dieron por internet. Todo muy sencillo y cercano. Sus referencias son dispares, pero esta claro que apela a ciertos aires clásicos, siendo Stevie Wonder una referencia clarísima, especialmente en ese fraseo ligeramente nasal que domina las canciones, una vez en apariencia poco dada a los alardes, como un Rufus Wainwright (en el alargue de las sílabas) sin histrionismo ni gorgoritos, y uno diría que hay algún deje de (otros influidos por Wonder) Jamiroquai o Bruno Mars, pero la cuestión vocal no es central. Who cares? no llega a los cuarenta y cinco minutos ni a la docena de canciones. Difícil de definir, se trata de un pop con aires soul y con una cierta sofisticación que podría parecer low cost pero no es así. Una de las marcas del disco es la presencia en las canciones de precisos arreglos de cuerda, que les aportan una capa de calidez que acerca al oyente a unas composiciones de aire casual, con tonalidades algo melancólicas pero con un recorrido brillante. Y por lo menos hay cuatro canciones excelentes, casi canónicas, que ya es una enorme marca hoy en día, cosa que no quiere decir que el resto de material sea de relleno, simplemente es imposible no remarcarlas: One In A Million - aquí en vivo, la versión en estudio dispone de unos arabescos de cuerda simplemente fascinantes, Open a window, en la que Tyler The Creator le devuelve el favor, 7AM, puro diario de lo casual y Shoot me Down, poco frecuente encontrar una canción clave en un disco tan cerca del final. Cuatro ejemplos brillantes de pop sofisticado, sin demasiado embalaje de producción: voz, piano, y esas cuerdas que (al igual que en el disco de Lloyd Cole) aportan un brillo especial.

domingo, 20 de marzo de 2022

Goldfrapp: Supernature

Año de publicación: 2005

Valoración: muy recomendable

Lejos de buscar el confort, Goldfrapp deciden en 2005 evitar incluso el obvio desmarque como en su segundo disco. Lo cual acaba repercutiendo en que este Supernature, con su obvio homenaje (completado en Seventh Tree) a Cerrone se convierta en su disco más asequible, aunque sea a fuerza de compensar la mezcla y homogeneizar el sonido sin dejar que este dé bandazos (en el buen sentido), y en este su homenaje al glam-rock y a la música disco, más que como tributo como adaptación al estilo del grupo, el grupo completa un exuberante trío de primeros discos en los que nos ahorramos primeros pasos dubitativos, no solo por la experiencia previa de los dos componentes del dúo, sino por la enorme personalidad sonora que les permite afrontar diversidad de estilos. 

Un sonido elaborado y preciso: Supernature se abre con una parodia de los números del glam-rock más garrulo (Sweet, Slade) que resulta algo reminiscente de los números electro-clash de Black  Cherry acometido con todo desparpajo. Queda claro que la discográfica había tomado nota del éxito de Strict Machine (que a fecha de hoy aún les provee de buenos y regulares royalties) por lo que Ooh La La es una apertura que no marca el desarrollo del disco. Casi se diría que (junto al piano de Satin Doll) es lo más cercano a lo analógico que vamos a encontrarnos. Puede, entonces, que se trate del disco más "pop" del dúo, aunque suene algo convencional definirlo así, alejados del sonido algo perverso de su disco anterior, cuando tenemos deep house de texturas en Number 1, proto disco de aires teutones en Ride A White Horse o fusiones inexplicables en Fly Me Away, sin olvidar una ligera rememoración transalpina en time out from the world, capas de sintetizadores que se desbordan evocando parcialmente los aires fríos y misteriosos de su debut.

La cuestión, con el dúo (no me cansará de repetirlo: los medios los solían definir como "desorientados") era que su libertad creativa - recordemos que jamás han dejado de publicar en Mute - no necesitaba ventas masivas que la justificaran. Sus exploraciones los llevarían, más adelante a un incomprendido folk sintetizado en Seventh Tree. No es que Supernature parezca un álbum de transición. Es una pieza más en una carrera enormemente coherente.

domingo, 27 de febrero de 2022

FKA Twigs: Caprisongs



Año de publicación:
2022

Valoración: muy recomendable

FKA Twigs postró el universo a sus pies con Magdalene: un segundo disco dolido y doliente, un abrasivo experimento en que la música desprendía exactamente la sensación que sus letras emanaban, como un exorcismo de la artista británica donde ajustaba cuentas sobre sus tortuosas relaciones. 

Obviamente, un disco tan brillante que es difícil de suceder. Quizás por eso este CapriSongs se publica bajo el formato y la secuencia de una mixtape, efecto que, sin despojarlo de su condición de disco largo, sí que atenúa algo la expectativa y aporta a la artista un marco de libertad temática. Es un disco, pero puede respirar y ser fresco, y esa desinhibición no solo consiste en los interludios y los ruiditos entre tracks. La portada muestra una foto de la artista con la ciudad al fondo. No una imagen modificada o distorsionada. Tampoco un gesto procaz al uso. En este sentido FKA Twigs se aleja también de ese pesado yugo del experimentalismo per se, no creo que quiera ser ni la nueva Bjork, pero la poderosa personalidad de FKA Twigs también la aleja de estrellas mainstream como, por ejemplo, Beyoncé. Y CapriSongs resulta ser un magnífico muestrario de sus capacidades, para el que se ha rodeado de un arsenal de ayudantes (colaboraciones y productores, de estos últimos a decenas) aunque el efecto sea curioso: ninguna de estas canciones suena abigarrada, y cada nota, cada frase, cada ruido está en su sitio. Incluso las discordancias encajan a la perfección. Es un disco con aspectos inmediatos y asequibles pero también crece con las escuchas, y desde luego su concepción de escucha está adaptada a los tiempos que corren: la experiencia con auriculares es realmente sobresaliente.

No faltan las baladas ligeramente torturadas: meta angel hubiera encajado en Magdalene sin problemas: en general las canciones son más cortas y buscan esa sensación de evitar castigar al oyente: el álbuma ha arrancado con ride the dragon, que puede parecer un apunte o incluso un sampler de lo que se avecina. Tears In The Club cambia el tono y es un guiño al mainstream imperante ni que sea por la intervención de The Weeknd. Aquí el sonido es voluptuoso y casi abrumador. oh my love  o lightbeamers no llegan para acaparar, con sus aires downtempo, el tono del disco, que sigue con aires casi festivos: papi bones es puro dancehall desvergonzado y la luz (aunque sea de neón) entra a raudales, y FKA Twigs no tiene reparo alguno en tentar al hit veraniego (paso de baile incorporado) con la inmediata y gloriosa jealousy, poderoso bajo que retumba sin pudor ni vergüenza. Y podría destacarse mucho más de este disco. Una gloriosa reivindicación que conjuga accesibilidad y busca de la innovación, a la que no es ajena la intervención del, insisto, nutrido equipo de productores: Arca repite e irrumpe El Guincho, cuyo prestigio global (tras lo de Rosalía) es merecido y creciente. Si lees habitualmente este blog, ya sabes lo que pensamos. Pero perderse CapriSongs por cualquier tapujo o preconcepción es, simplemente, una estupidez.

domingo, 20 de febrero de 2022

C Tangana: Sobremesa

Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable (aunque complementario)

Algunos matices acerca de Sobremesa.

Aunque se está presentando como un "nuevo disco" y, por ejemplo, aporta nueva portada, me temo que no lo es en el sentido estricto del término. Si bien una de las cuestiones que pondría en duda tal afirmación (el hecho de que mucho de su material ya estaba disponible anteriormente) también hubiera invalidado El Madrileño como tal, y eso sí que no. También aporta esa sensación el hecho de que el disco parece que se comercializa junto al disco inicial como una especie de continuidad, que eso sí que suena muy coherente, aunque he de agradecerle ciertas cosas al Puchito, aparte de las que pueda agradecerle su compañía si, con este proceder, hurga aún más en los bolsillos de algún despistado.

Puestos a agradecer, y en tal caso, lo hago por tres motivos: consigue que el disco acabe con algo mejor que la indigna y sobrecalentada Hong Kong, aporta alguna justicia poética al acreditar a New Order gracias a la magistral aportación en la versión en vivo de Los tontos, y plantea cierta respuesta a los críticos que le echaron en cara la ausencia de colaboraciones femeninas en El Madrileño. 

Las dudas, entonces, de la justificación del proyecto, quedan despejadas: La Culpa es rumba taleguera de voz acazallada, estribillo inmediato aunque pegajoso, y video afortunado a pesar de la sospechosa presencia de Omar Montes; en Ateo , con escándalo incorporado, empieza a equilibrar cuota con una ¿bachata? a dúo con la simpar Nathy Peluso, curiosamente algo relegada, pero con tiempo para aportar esa dicción de sílaba masticada, como presentando su candidatura a ser (tras Rosalía y Tangana) la siguiente aportación de bulto de los géneros urbanos al imaginario popular. El disco sigue mostrando material conocido, particularmente me ha parecido algo rácano el no aportar versión de estudio para Me maten y limitarse a publicar la versión ya conocida, la del glorioso Tiny Desk, ha tenido muy buen criterio al recuperar e integrar la primera versión de Un Veneno por lo que representa como primer punto de la reinvención del artista como multigénero y también en darle un colofón más digno con una declaración modesta de amor latino en Para Repartir, tema de hace dos años en el que el músico ya apuntaba su interés por ese glorioso, a tenor de los resultados, camino entre la nostalgia, la mezcla de elementos dispares y la innovación que representaba El Madrileño, y si esto es una jugada comercial o una oportuna extensión del alcance del disco, si ello hace que los reticentes (ese oscuro e inamovible grupo de gente que alardea de no haber oído jamás al tío este) comprendan y disfruten este - ahora ampliado - magnífico disco, pues hay que recomendarlo, otra vez (Iván Repila ya lo hizo aquí antes que yo: gracias).

domingo, 23 de enero de 2022

Frank Ocean: nostalgia, ULTRA

Año de publicación: 2011

Valoración: bastante recomendable

Empeñados (él y Kendrick Lamar) en ceder el cetro a un constante y aguerrido Tyler The Creator, parece que Frank Ocean sigue sin decidirse a publicar la continuación del mítico Blonde. En el caso de Ocean, con cierta predisposición a filtrar oportuna noticias o rumores que acompañan una rácana publicación de canciones de tonos dispersos - la última, prácticamente una demo de ocho minutos - pero negando a sus incondicionales el placer de un tercer disco tan cohesionado e incontestable como sus dos discos oficiales.

Cosa que me ha obligado a ir atrás en el tiempo: nostalgia, ULTRA, representó una extraña carta de presentación y se ha ganado a pulso cierta condición de obra mítica. Se trata de una mixtape, perdonad que use un concepto que no acabo de entender. En este caso, con interludios evocando los ruidos de apertura de las antiquísimas pletinas de cassette, un puñado de canciones que alternan versiones de autores algo dispares (desde Coldplay a MGMT) con canciones propias. Fue precisamente el primer grupo el que le acarreó los problemas que impiden que este disco esté disponible en las plataformas de streaming y que obtener una copia o escucharlo en las condiciones en que Ocean lo publicó represente un esfuerzo más allá de búsquedas y clics. Ya que Ocean se atrevió con uno de los iconos sagrados del legado musical norteamericano. Nada más y nada menos que el cuerpo sonoro del clásico de Eagles Hotel California, al que se sobrepone una letra sobre matrimonios prematuros que titula American Wedding y que es otra demostración de su talento como letrista. Demanda que te crio, con cruce de acusaciones con Don Henley, que no asimiló el homenaje.

El resto del disco muestra, sin cotas de genialidad, la versatilidad de Ocean para, justo en la frontera entre hip-hop y r'n'b, crear estructuras rítmicas atractivas y juguetear con ese equilibrio entre lo intelectual, lo sentimental y lo experimental que, hasta hoy, representa su tarjeta de presentación.



domingo, 16 de enero de 2022

Jazmine Sullivan: Heaux Tales

Año de publicación: 2021

Valoración: recomendable

Ya en 2018 hice una reseña algo quejica a cuenta del disco de la fallecida SOPHIE, aunque no señalaba mi desacuerdo con las extrañas decisiones de Pitchfork (del Pitchfork vendido a los grupos editoriales más versados en moda y tendencias, etc, etc, etc...), y tres años después, me encuentro otra vez algo estupefacto ante la chocante elección del medio de este Heaux Tales como mejor disco del 2021.

Algo que, claro, aquí nos dedicamos a eso, hay que contrastar, en la limitada medida de lo posible que pueda representar no tener tiempo material de oír todo lo publicado (doy por sentado que la miríada de colaboradores de Pitchfork sí, en su conjunto) e incluso, contraviniendo las más básicas normas de atención a la actualidad, dedicando cuantiosos momentos a escuchar música de épocas anteriores (ergo, no de 2021).

Pues bien, este cuarto disco de la solista de Filadelfia resulta ser uno más de esos discos del océano soul/ r'n'b de corte ligeramente reivindicativo que se publican de forma regular. Con buenas interpretaciones vocales, un cierto tono narrativo, producción minimalista (y casi a consecuencia de ello, precisa y relativamente impactante), canciones sin estridencias y colaboraciones coherentes - en este caso, por ejemplo, Anderson.Paak, que repite después de lo de la semana anterior. Posiblemente me esté perdiendo algo no fijándome en los mensajes contenidos en las letras. La apariencia en la portada, a medio camino entre Missy Elliott y alguna de las estrellas del universo más reciente del género, no despeja las dudas. No sé si estamos ya abusando del estereotipo, pero, sin pararme demasiado lejos (podría llegar hasta Nina Simone...) el terreno sonoro aquí presente ya lo han recorrido infinidad de artistas, en ese concurrido terreno de géneros que coquetean con el hip hop, con el soul, con todo el crisol de negritudes. Aquí ha estado Neneh Cherry, Erikah Badu, Amy Winehouse, Solange Knowles, muchas de las divas sin rostro que aportaban calidez al trip-hop (denostado género que aún colea en los números downtempo), mucha, demasiada gente con buenas intenciones y aportaciones destacadas, como para pretender que este sea un disco que se alce por encima de todos ellos. Aún así, canciones como Pick Up Your FeelingsGirl Like Me o The Other Side pueden destacar por encima de la media  On It representa ese tipo de balada adecuada a determinado momento, y siempre es más tolerable que la insufrible y calculada Leave the  door open de la semana anterior.


domingo, 9 de enero de 2022

Silk Sonic: An evening with Silk Sonic


Año de publicación:
2021
Valoración: recomendable (pero inocuo)

Si fuera de los que subraya o retiene frases en libros, encontraría alguna en el brillante Retromania de Simon Reynolds que apuntalara ciertos planteamientos. Sin acritud, sin ser corrosivo y manteniendo que evocación o recreación no son sinónimos de nostalgia. 
Pero no es así; Silk Sonic, acertado nombre, es un proyecto a medias entre Anderson.Paak (al que no he prestado demasiada atención entre todo el océano a medias entre el hip-hop y el r'n'b que Pitchfork lleva años obsesionado en promocionar) y Bruno Mars (imposible no prestar atención a ese omnipresente émulo de Jamiroquai supurante de una algo saturadora energía positiva).
Es un proyecto que no se conforma con la fidelidad sonora, sino que apela, de forma muy eficaz, a la estética. Los sonidos negros de los 70, los trajes blaxploitation, las coreografías, los planos divididos en pantalla en los videos promocionales, se convierten en un complemento de lo sonoro, todo tan preciso y perfecto que me provoca cierta incomodidad. Hace una semana hablé aquí de Fiona Apple, una artista sin miedo a incluir en sus canciones elementos disonantes, incluso abiertamente agresivos o poco amigables con el oyente potencial. Porque es su manera de expresarse. Pero aquí esto no tiene cabida. No sé quién es más influyente en el proyecto, pero parece que Mars, obviamente más popular y aspirante (Marc Peig ya lo apuntaba aquí - spoiler: ha de comer muchas sopas) al inhóspito trono de King of Pop, ha conseguido anestesiar cualquier conato de rebeldía: esto es soul, o funk, o r'n'b, de sedosa (...) producción, de impecable ejecución, que parece no haber reparado en medios ni en artificios promocionales, que ha cuidado hasta el último detalle para alcanzar a todo oyente potencial, olvidando que, a determinados niveles, el órgano al que alcanzar no es ni corazón ni estómago sino hígado. Y eso le falta a este proyecto. Todo es premeditado, desde la compensación de baladas almibaradas con pequeños guiños callejeros, que estamos en 2021  2022, hasta la inclusión de números funkies al uso, con la intervención de estrellas del ayer (Bootsie Collins) y el hoy (Thundercat) ese balance que parece ignorar lo rápido que el mainstream lo absorbe todo con avidez. No diré que aquí haya malas canciones ni plagios: está claro que esto es un homenaje a los Delfonics, a Stevie Wonder, a Isaac Hayes, Mayfield, Gaye, la interminable retahíla de artistas y sonidos (Philly) presentes en el imaginario común desde hace, ya, más de medio siglo. Que el homenaje es respetuoso, tanto que la innovación en tonalidades, en sonidos, en armonías, ha sido desestimada como un punto más a cumplir en la rendición de reverencias. Tanto, que el disco me parece tan brillante y agradable y sencillo en la escucha - apenas 31 minutos, sin devaneos instrumentales -  como inocuo.

domingo, 2 de enero de 2022

Fiona Apple : The Idler Wheel Is Wiser Than The Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More than Ropes will ever Do


Año de publicación: 2012

Valoración: muy recomendable

Inmediato precedente de otra de sus obras maestras (Fetch the bolt cutters), este disco de título interminable arroja ya (sí: arroja) alguna de las señales sonoras que empiezan a ser identidad absoluta de la autora neoyorquina. Más que un giro, un escalón más en su incontestable status de autora de culto, asociada a una determinada escena arty que completarían tanto cineastas como otros músicos, pero en la cual Apple se ha establecido de forma casi despótica en base a su enorme talento y la originalidad de su propuesta sonora.

Porque este disco suena como pocas cosas han sonado: una especie de cruce entre actitud experimental propia de Tom Waits, aires de Kurt Weil, excesos vocales al borde del quiebro de garganta, turbulencias pianísticas dignas de Chilly Gonzales al teclado en una sobremesa de cinco horas, sin olvidar otras no tan claras: los escupitajos vocales de grupos como The Knife andan por ahí, como advirtiendo que, tras su apariencia frágil y quebradiza, Fiona Apple no se anda con tapujos, ni desde luego con el mínimo complejo. Lejos de explotar su físico, se atavía con un curioso sombrero en la inicial Every Single Night, al ritmo, casi de caja de músico, pero ya demostrando su poderío pasando del grito amenazador al puro gemido. Una entrada contundente que se reafirma en una primera mitad del disco prácticamente cambiando de registro a cada canción, desde el tono a medias entre la elegancia y la amenaza de  Daredevil hasta una de las cumbres del disco, la espeluznante Valentine, combinando con los aires amargos y casi marciales de Jonathan, con parones en el experimento casi tribal de Hot Knife o el aire impresionista de Largo, que pone con ciertos tono de inocencia un disco quizás no perfecto, pero sí enormemente personal.


domingo, 12 de diciembre de 2021

Alizzz: Tiene que haber algo más

Año de publicación: 2021

Valoración: bastante recomendable

El otro día, Xavier Bosch, a la sazón escritor mediocre y el tipo de periodista de poca enjundia que solo sabe hablar de Barça y poca cosa más, saludaba la obtención por parte de Alizzz de un premio, en su condición de catalán nacido en Castelldefels, a cuenta de ciertas absurdas predicciones de futuro, en un programa de radio que oyes en esas horas en que, de vuelta a casa, ya no tienes ganas ni de buscar emisora.

Bosch repitió su nombre, creo, en dos ocasiones: le llamó Aizzz. Sin la "ele". Demostrando tanto cierta ignorancia musical que no recriminaré, faltaría, pero sobre todo, la más absoluta desgana por saber lo más mínimo sobre el personaje al que mencionó. 

Alizzz (por Alice in Chains, grupo grunge del que se declara fan) es el productor de El Madrileño de C Tangana. He de agradecerle su formidable producción del disco y, de forma aún más personal, su guiño insertando, en vocoder, el estribillo de la sublime Bizarre Love Triangle de New Order en la toma para Tiny Desk de Los tontos. Alizzz es uno de esos productores que, incapaz de limitar su alcance a la mesa de mezclas y a las aportaciones sonoras puntuales, lo intenta como artista. Componiendo, interpretando, cantando, y, claro, produciendo. Tiene que haber algo más es su disco de debut en tal condición, pero para nada puede considerarse un paso tímido de un bisoño e inseguro artista que busca afirmarse. Esa condición le ha servido para entrar con buen pie en el cruel universo: la acogida crítica está siendo buena y creo que su trabajo previo como productor pesa en esa valoración. He de decir que no recuerdo buenos productores que hayan tenido suerte cuando han querido pasar al primer plano. Pero este Tiene que haber algo más resulta destacar y hacerlo de la forma más convincente: a fuerza de escuchas que revelan matices y que descubren, sobre todo, el sincero y esmerado acabado que Cristian Quirante (ese es su nombre) ha querido procurar a sus composiciones. 

Apenas media hora. Diez canciones de tres minutos escasos que evitan la reiteración sonora. No ha jugado a deslumbrar con tratamientos ultramodernos. No hay trap, no hay rapeados, no hay incursiones en lo que hoy se denomina música urbana. Se ha ahorrado forzar sus condiciones vocales y ha optado por las tonalidades cercanas, como mucho ha demostrado que le gusta usar el vocoder, que no el autotune. Ha convocado a amistades de diverso pelaje a aportar a sus canciones. Estas aportaciones dan lustre al disco y, curiosamente, combinan lo peor (Amaia Romero, este blog jamás aceptará a ningún participante de Operación Triunfo en ninguno de sus proyectos) con lo mejor (Rigoberta Bandini, que aporta buen hacer en Amanecer, una brillante colaboración que puede evocar a Saint Etienne o a La Buena Vida) incluyendo una especie de rendición final con la intervención, en Luces de emergencia de J de los Planetas - otro highlight - y la casi inevitable cadena de favores en Ya no vales con C Tangana. Incluso los temas menores contienen detalles sonoros -ese regusto AOR en Fatal...-de indudable atractivo, aunque aclaremos: esto es un disco de pop con guitarras, de canciones con pocas pretensiones con un indudable talón de Aquiles en el aspecto de las letras: demasiado ripio, demasiado recurso al manido tema de las relaciones personales, alguna rima forzada y una cierta insistencia en temas relacionados con los excesos. Pero ello no tiene que eclipsar lo comentado arriba: Alizzz sabe situar ganchos en sus canciones e incluso en el material más endeble (el situado en la primera mitad del disco, demasiado proclive a intentar impresionar al oyente con mensajes algo forzados de rebeldía y sensibilidad) se aprecian detalles sonoros de agradecer. Es bueno no pretender cambiar nada ni revolucionar la escena, al igual que comprender las limitaciones y ser agradecido con las influencias. No sé si era la pretensión del músico o el resultado involuntario de su trayectoria previa, pero, tal como indicaba, algunas (no todas) de estas canciones persisten casi sin querer.

domingo, 5 de diciembre de 2021

La habitación roja: Años luz II

Año de publicación: 2021 
Valoración: Bastante recomendable

25 años de carrera, que se dice pronto, y 25 años con la misma alineación titular (o casi). 25 años que forman parte de mi memoria musical, de canciones cercanas que hablan de la vida de cualquiera de nosotros, desde la ya lejana adolescencia a esta especie de madurez, dicen, que vaya uno a saber cómo acabará.

Pero no vamos a hablar de la carrera de los valencianos, auténticos ultrafondistas en esto del indie patrio, sino de su último disco, este Años Luz II con el que demuestran haber alcanzado una madurez personal y creativa envidiable. Porque este es un disco que si bien no llega a las cotas de "Nuevos tiempos" o "Fue eléctrico", mis dos discos favoritos de LHR, no se queda demasiado lejos.

Todo ello gracias a las magníficas melodías a las que nos tienen ya acostumbrados, acompañados esta vez de un fondo electrónico cada vez más presente en las canciones de Jorge Martí y compañía. La combinación de estos dos elementos nos deja el que creo que es el disco más "british" de LHR, con clarísimas influencias de los Smiths ("El amor correspondido está sobrevalorado" o "El espíritu adolescente"), The Cure o New Order ("Entre la multitud", "La tormenta o los 8 minutazos de "La casa encantada). No es que esto sea una novedad porque las canciones de LHR siempre han tenido, de una u otra forma, esos ecos, pero sí que es algo más acentuado, especialmente en el tratamiento de los bajos. 

Por otra parte, los seguidores de LHR encontrarán los tradicionales temas lentos que ganan en intensidad y ruido con el paso de los minutos como "Hasta el fin" o "15 años" y hits inmediatos como la "ultrapop" "No estuviste allí" y "La tormenta" (me encanta el minuto final distorsionado y ruidista), así como alguna pequeña sorpresa, como el comienzo a lo mil y una noches de "Ya no volverá a pasar" o ese guiño a los franceses Air que me parece ver en "La fragilidad".

Resumiendo, Años Luz II es un buen disco que quizá no tenga sorpresas ni riesgos que a estas alturas no sé si merece demasiado la pena asumir, pero que vuelve a dejar patente la capacidad del grupo de facturar buenas canciones basadas en buenas melodías y en letras que hablan de nuestro pasado, presente y futuro. ¡Por otros 25 años!

También de LHR en UDALS: Memoria