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domingo, 2 de mayo de 2021

Daft Punk: Discovery

Año de publicación: 2001

Valoración: muy recomendable

Doce años pasaron entre la publicación de este Discovery, disco de su consagración, y Random Access Memories, el colosal trabajo por el que se convirtieron, aún más, en un mito global. Hace unas semanas han colgado en Youtube un video llamado Epilogue que ha sido interpretado unánimemente como un comunicado de separación: Thomas Bangalter y Guy De Homem-Christo son ya personajes más anónimos de lo que sus sempiternas máscaras les hacían ser. Son el 50% del dúo francés que aportó a la electrónica una popularidad y una imagen que muchos rehuían aportar. Eran indistinguibles con sus casos relucientes y su estética sobria y si su despedida fue esa, un disco repleto de colaboraciones con personajes de diferentes rangos  (desde Chilly Gonzales a Julien Casablancas), convertido de repente en su despedida por todo lo alto, inexplicable la decisión o quizás la consecuencia de una pavorosa realidad, que es que el sucesor de ese disco lo tenía muy difícil para estar a la altura. Y ocho años ya eran una espera muy larga incluso para sus parámetros.

En 2001 la presión no era tanta: la escena techno podía estar iniciando una decadencia pero aún era efervescente. El french touch contaba con muchas figuras quizás no todas de primera línea pero desde luego de colosal reputación underground, desde Philippe Zdar hasta Etiénne de Crecy pasando por St Germain o Laurent Garnier, con sellos en racha como Versatile, Source o F Communications. Daft Punk aceptaron el cetro y Discovery representa su consagración, levanta el acta de elevación del filter house que ya había sido tanteado en proyectos paralelos, le aporta el certificado de relevancia del formato LP, y les empuja hacia la fama. Todo ello con un disco cuyo mero título ya es un juego de palabras: Discovery se llamaba un disco de la ELO, otros entusiastas del vocoder, la palabra significa descubrimiento, combina los vocablos very y disco  (ambos títulos, además de dos LPs de Pet Shop Boys, otro dúo electrónico global). Nada podía fallar. Es más: todo el material del disco contó con el soporte visual de videos manga que parecían contar una historia paralela al álbum. 

Por si había alguna duda, el disco se inicia con One More Time, hito de la carrera montado sobre la deconstrucción de un sample y la voz del fallecido Romanthony, emitiendo proclamas para solaz de la pista, canción de vocación hímnica, con su parón reflexivo intermedio y todo, que se iniciaba, cómo no, con una secuencia filtrada que va añadiendo frecuencias sonoras. Tan sencillo como eficaz, tan innovador como obvio. A pesar de un inicio tan avasallador, el disco adolece algo de falta de coherencia en lo sonoro, posiblemente por el hecho de que algunas de sus canciones sufrieron de una cierta saturación en clubes y ondas y han de alternar con números más anónimos. Daft Punk apuesta tanto por la tralla pura, con el bombo a negras, como por los matices de aire introspectivo cuando aborda canciones de aires más reposados, y esa combinación excita y desorienta al oyente a partes iguales. Al disco se le adjudicaron algunos apellidos contradictorios, tanto se le tildó de obra maestra como de entrega del grupo a cierta vulgaridad sonora y he de decir que ambas afirmaciones tienen algún motivo de ser. Pero, llamadme nostálgico por una vez, el tirón energético decanta la balanza a favor. Discovery es un disco desacomplejado, más de banlieu que de La Défense y sus canciones desprenden un hedonismo y una energía que echaremos de menos, incluso el tono nocturno y melancólico de Something About Us, con su ritmo de funk perezoso, parece reivindicar cierta intensidad. Pero incluso con excesos como Crescendolls,  sus clásicos ocultos caen uno tras otro,  Digital Love (con homenaje a Supertramp incluido en ese piano percusivo), Aerodynamic (ídem con Pink Floyd) un disco que se excede en duración, en uso del vocoder, en bpm en más de una ocasión, que apenas deja tres temas para voces reales, que te agarra (Harder Better Faster Stronger, coqueteando con el electro más descarnado ) y te suelta (Veridis Quo, disfrazados de Tangerine Dream) sin dilación ni tregua posible.

domingo, 21 de marzo de 2021

Plastikman: Closer

Año de publicación:
2003
Valoración: casi imprescindible

Hipótesis: el año 2003 podría constituir una fecha emblemática como hipotética certificación de la muerte del techno como estilo dominante, dejando, eso sí, desde entonces, poderosa estela sonora y rabiosa influencia con huella en toda clase de producciones del ámbito mainstream, pero inequívocamente iniciando una recesión comercial y creativa que lo devolvió a un confinamiento, un relativo ostracismo del cual, no vamos a negar, también fue responsable su obvia incapacidad de generar iconos visibles y reconocibles, necesitando símiles estilísticos o dialécticos (los DJ son las nuevas estrellas del rock, etc.) que le despojaron de personalidad, convirtiéndolo en uno más entre el anodino relevo de poltronas a que la necesidad constante de la audiencia de hallar cosas nuevas condena periódicamente a muchas tendencias.

El techno, entonces,  empieza a morir cuando caen las torres del WTC. En esa Arcadia transaccional que era el mundo en ese momento, la diversión global y el hedonismo desenfrenado eran pauta dominante. Nadie tenía miedo a que esa burbuja estallara, y, de repente, cualquier sitio en el mundo era potencialmente inseguro. El techno como música lúdica, como sustituto abstracto de un rock cuyas adineradas estrellas no tenían de qué quejarse, perdía sentido a la vez que fuelle.

En agosto de 2003 se publica el último número, icónico 99, de la revista Muzik, icono del movimiento que ya solo se basaba en inflar de forma artificial los lanzamientos discográficos. Dos meses después, Richie Hawtin, bajo su alias Plastikman, - otro de sus alias, F.U.S.E., le había servido para publicar en la emblemática Warp - lanza Closer, quizás guiño a Joy Division, en todo caso fascinante portada que evoca lejanía por contraste con cercanía. Más de una hora de música enlazada, música que emula los DJ sets que entronizarían al canadiense, apenas unas frases de voz tratada que aportan una cohesión, como si se tratara de un trip. Beats oscuros, bajos subsónicos, evocaciones berlinesas, homenajes a la cultura del click'n'cut, a los arcades,  teclados planeadores, austeridad sonora, minimalismo que apenas se permite mínimos lujos con efectos estéreo, evocando, casi por última vez (Hawtin tardaría 11 años en lanzar otro disco) la experiencia del oyente, del dancer solitario, pista a oscuras. 

Distinguir aquí tracks es irrelevante. Aportar frases palmarias sobre la influencia de esta música, ingenuo. Tanto como agarrarse a ella de forma nostálgica y desesperada. No es una claudicación, sino una constatación de que el tiempo pasa y no tiene sentido alguno congelar el momentum

Podéis oir todo el disco aquí

domingo, 1 de noviembre de 2020

Working Men's Club: Working Men's Club

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable

Como la realidad musical actual ha acabado confinando a toda música que no sea o r'n'b y sus derivados o sonoridades latinas al rincón de lo "alternativo" nos estamos ahorrando, y ya hace lustros, el aborrecible fenómeno de los revival. Creedme, he sufrido demasiadas veces de ello en el pasado y es un tormento: de repente muchos se apropiaban de un sonido de décadas anteriores y se creaba una especie de escena que no dejaba de atormentar a los oyentes a base de refritos de sonidos del pasado ejecutados por admiradores tan llenos de ilusión como exentos de talento o de originalidad. El último episodio que recuerdo fue tan breve como poco memorable, si bien de una ingenuidad entrañable: el electroclash fue una especie de intento de actualización de los desmadres más anfetamínicos del synth-pop y duró, sin dejar más impronta que unos cuantos temas sueltos y remezclas que rezumaban exceso por todas partes.

Entonces es bueno comprobar que una banda de aires revisionistas puede actuar con toda libertad, como se dice por aquí a su puta bola y, armados de arsenales de sintes y haciendo acopio del descaro más post adolescente, publicar un disco de debut notabilísimo, un disco de manifiesta personalidad como lo demuestra el abrirlo con pulsaciones sintéticas de aires Detroit y cerrarlo con doce minutos, doce, de desparrame saturado ora por guitarras ora por zumbidos sintéticos de minutos de duración: entregan diez canciones que amparan ese abanico y se quedan tan frescos. Así que este cuarteto abre con un hit alternativo de 1989, Valleys muestra las pedorretas de Roland 303 que llegan a extremos no oídos en este siglo, y no solo eso, los vocales parecen ser de aquellos ejecutados por cantantes que habían sido puestos al frente de bandas, toma el micrófono que eres el que menos mal lo haces, pero el sonido funciona, funciona a base de convicción y de desparpajo, de desvergüenza absoluta y de asimilación de influencias no siempre obvias, no se trata de homenajear como hacía Ladytron o como hicieron (con brillantez) los LCD Soundsystem del último disco: aquí hay lugar para Carl Craig, para Human League de primera época, para Ultravox! (los de John Foxx), para los Magazine de los primeros dos discos, para, glups, aires a los Front 242 menos garrulos,  y para algunas, pocas, más recientes, como el caos sonoro de Animal Collective o incluso las guitarras más saturadas (hay, sí, muchas guitarras) de grupos como Slowdive, My Bloody Valentine o Spiritualized.

¿Es esto un pastiche? Las sucesivas escuchas demuestran que no, que han salido adelante y resultan a la vez novedosos y respetuosos con sus referencias. John Cooper Clarke, con vocales prácticamente habladas y capas por todas partes, con sus aires de future-disco, White Rooms and People mezcla a Gary Numan y a riffs de guitarra que ubicaríamos en la obra de Duran Duran (banda a reivindicar) y así hasta diez canciones, clásica cifra de canciones que recuerda, también, la estructura de los vinilos, donde se apilan aún más referencias, guiños al dream-house y a bandas como Tame Impala, en fin, quede claro que son cuatro músicos que han dado buena cuenta de colecciones de discos propias o paternas, y que hoy en día es ya absurdo hablar del futuro ya no de la música sino de un simple género, Working Men's Club son, posiblemente, la banda que suena más fresca y más decidida en este momento, quedándose en terrenos, sí, conocidos, pero con una madurez y una convicción en su sonido y en sus canciones que muchos artistas de largo recorrido ya querrían haber llegado a alcanzar. Obvio que su siguiente paso ha de despejar muchas dudas, pero en este mundo, en esta industria musical tan necesitada de golpes de efecto, especular con su futuro y no disfrutarlos, ahora, aquí, en este primoroso disco de debut, sería estúpido.