domingo, 4 de diciembre de 2022

Weyes Blood: And in the darkness, hearts aglow


Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable

El aparato promocional de este disco explica que se trata del segundo trabajo para una trilogía que se inició con Titanic rising. Comprendo que la referencia corresponda sobre todo a la tonalidad de las letras de las canciones, pero me cuesta pensar que el disco inmediatamente anterior Front row seat to Earth quede fuera de esta agrupación, cuando, ciñéndonos exclusivamente al aspecto puramente sonoro, aprecio una perfecta cohesión en los tres trabajos y me resulta algo curioso separar el primero de ellos. 

Todo ello porque, concretando, Natalie Mering (compositora y cantante del grupo que usa el nombre para tomar, supongo, entidad como grupo y marcar distancia con el alicaído concepto "cantautora") lleva tres discos en apenas cinco años, y los tres resultan ser magníficos. Diría imprescindibles si no tuviera ciertos reparos a la hora de pensar que su estilo puede tener sectores de público en los cuales despierte cierto escepticismo: difícil encajar en cualquier gusto ese sonido reposado, que combina tonos acústicos con aires oníricos, incorpora texturas electrónicas de aires algo perturbados, que no cósmicos, cuyas canciones cuesta diferenciar a la primera pero que (y son casi treinta en esa ristra de trabajos) desvelan sus diferencias, descubren matices a cada escucha y se incrustan de un modo que podríamos definir con cualquier palabra menos pegadizo. Para nada hablamos de pop convencional, sino de algo a la vez elegante y barroco pero poco convencional. Incluso con un entorno auditivo poco definible. Más cerca de lo trágico que de lo lúdico, la voz de Mering es profunda, dulce y ligeramente grave, las comparaciones (Carpenter, Mitchell) han sido constantes pero esto no es un ejercicio de revisión: estamos en el siglo XXI y cuando aparece ataviada con un conjunto marinero y entre invitados sangrantes en el video de It's Not Just Me, It's Everybody revela esa especie de angustia de principio de década. Un single de seis minutos que crece lentamente conforme van apareciendo elementos sonoros: arpa, orquesta elevan el tono y estamos más cerca de Julee Cruise que de, glups, Enya. Y aunque todo podría rezumar un espíritu adulto, no, esto no es AOR, no puede alinearse ahí, encajar en ese concepto tan perverso y tan opuesto a sus intenciones. El ritmo festivo, casi beachboyano de Children of the Empire, con su piano percusivo y sus trucos sonoros (esos chasquidos en el primer parón), la progresiva inclusión de fanfarria sonora que podría hacerla pasar (pero no) con una canción ligeramente celebratoria. Los juegos de voces, la tonalidad festiva que parece esconder sorpresas. Algo suntuoso y complejo, inexplicable, pero no único: tenemos la solemnidad de Grapevine, el tono casi ceremonioso de And in the darkness o de la inmediata Hearts Aglow, la irrupción electrónica inesperada en The Worst Is Done, casi flirteando con el pop o incluso con el folk más abierto, o el alejamiento del tono acústico - esa caja de ritmos - en Twin Flame completan un disco, otro, brillantísimo, y ya hablamos de un repertorio de clásicos al que quizás pueda reprocharse una escasa voluntad por romper con su sonido, pero solo eso. Magnífica música, magnífico disco.

domingo, 30 de octubre de 2022

Arctic Monkeys: The car


Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable alto

Una mención, en estos tiempos de anonimato digital de los recursos visuales, a esa portada, con esa perspectiva tan propia de los gráficos de los Sims y una especie de adecuación geométrica, una particular obra emblemática que, sin nombrar grupo ni título, pasará (si el mundo es justo) al catálogo de imágenes que se asocian a un grupo. De hecho, una composición visual que tiene su reflejo en el contenido musical: algo aparentemente gris y anodino que va revelando sus detalles. 

Vaya: me hice a mí mismo un pequeño spoiler. Voy a sincerarme: las primeras veces que escuché este disco (la mayoría, una vez acostado y con auriculares) caí dormido. Quiero decir, puede que fueran situaciones en las que estaba algo cansado y el escaso margen en que me mantuve despierto me dio tiempo de apreciar el inicio y como hasta la tercera canción, sin llegar al momento de ruptura (en mi opinión) del disco, que es a partir de la sexta canción. Me resultó algo curioso: al primer single (There’d Better Be A Mirrorball) del disco me parecía percibir que seguía un curioso tándem de canciones que emparejé, respectivamente, con las tonalidades de la primera y segunda cara de LowI Ain't Quite Where I Think I Am, con sus jugueteos funky en los arreglos, incluso con un fraseo en puro tono Bowie, y Sculptures Of Anything Goes, con su desarrollo basado en la percusión electrónica (supongo que todo un sacrilegio para la base de fans histórica de la banda). Curiosas referencias que me sumieron en un cierto escepticismo sobre el disco. Que se completó cuando the needledrop le propinó un sonoro 3,5/10 en su crítica. Creí que mi opinión se decantaba en el mismo sentido, cosas de las premuras por opinar sobre un disco o incluso cierta sensación de urgencia por pasar a algo, pensaba, más disfrutable. Entonces pensaba que el uso continuado del falsete, la inundación de cuerdas y la continuidad con la línea neo-crooner avanzada en Tranquility Base. Hotel & Casino se le había atragantado a la banda. Que los referentes a ciertos tótems de la escena alternativa, el mencionado Bowie o Scott Walker, o el funk suave y sexy de Jet Skis On The Moat, y la necesidad de demostrar que el cambio de sonido era tajante, que el liderazgo de Alex Turner era absoluto ( de hecho, percibía cierta cara de aburrimiento en algún músico en la interpretación de Body Paint, como si añoraran los tiempos de los riff y los ritmos trepidantes) y que el camino de la banda no solo era un suicidio comercial (cosa perfectamente respetable, véase Kid A) sino artístico (véanse millones de ejemplos) y que el siguiente paso solo podría ser (allá por 2025) un regreso a las bases con la cola entre piernas. 

Pero no: las sucesivas escuchas giraron la opinión como un calcetín. Gracias, paciencia, la que seguro que no tuvo Anthony Fantano, la tuve yo. La segunda mitad del disco, la que no llegaba a disfrutar,  sumido en el sueño, empezó a resplandecer, seguramente al decidirme a escucharlo de día. Y apareció el tema que le da título, con su poderoso y marcial bombo, su avance casi acústico, su tono narrativo y su solo de guitarra casi morriconiano, ojo, la cosa empezaba a mostrar sus capas y el escepticismo cedía a un entusiasmo que se había hartado de ser contenido. El siguiente tema lo confirmaba: la desinhibición era absoluta, la necesidad de reafirmarse en el cambio había quedado satisfecha y tocaba liberar el sonido:  Big Ideas parecía ironizar sobre esa situación: "I had big ideas the band were so excited". Delicioso arreglo de cuerda y glorioso solo de guitarra que ha sido pasto de un aluvión de recreaciones. Este, por cierto, más cerca de David Gilmour de lo que cualquier trabajo de la banda podría hacer presagiar. Como si la condición de Alex Turner como líder aplastante pudiera ser puesta en duda. A los que dicen que este es un disco del solista (o de su proyecto alternativo The Last Shadow Puppets) no se les puede ni confirmar ni contradecir: el tono ligeramente frívolo de Hello You resulta curiosamente discordante pero volvemos a tener un arreglo de cuerda que remata a la perfección el tema. Y Mr Schwartz nos acerca al final con tonos de jazz fresco y casi tropical, (otra vez, las cuerdas) como si los Style Council hubieran rejuvenecido en un punto intermedio entre Paris, Rio de Janeiro y Philadelphia. 

Prácticamente hemos destacado todo el disco. Pocos trazos de esa eventual dictadura creativa lo sea a costa de unos músicos abatidos y tiranizados. Menos aún de que el giro creativo sea una travesura o una apuesta a caballo perdedor. Siete discos son muchos para una banda como para entregar este destacadísimo ejercicio de eclecticismo y buen gusto en las influencias. Los incondicionales de sus primeros trabajos, ariscos y nervudos, demostrarán haber crecido con ellos asimilando su brillante evolución o despotricarán si pretenden esperar de la banda un bucle de repetición y hastío. Todo el mundo es libre de decidir. Todo el mundo puede optar por criticarles tras pocas y poco atentas escuchas. Claro. Ellos se lo pierden.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Lluis Llach: Viatge a Itaca


Año de publicación: 1975

Valoración: muy recomendable


Asociado indeleblemente a un momento histórico - los estertores del franquismo - y a un movimiento - la canción protesta - de resultados artísticos desiguales,  he de confesar ser un oyente puntual y tardío de Lluís Llach. También porque, en lo estrictamente musical, la década de los 70 disponía de una oferta exuberante y tan diferente que, parecía, entregar los oídos a canciones tristes, desesperadas, casi sórdidas, podía representar una especie de renuncia a todo lo demás. La música disco emergía, el rock de vanguardia entregaba sus mejores obras, el glam-rock explotaba en todas direcciones. Sería farragoso detallar, desde Bob Marley, Pink Floyd, hasta Roxy Music, cuántos artistas capitales en la historia publicaban discos justo en ese año, pero, cuestiones de cercanía a veces son importantes, un disco de un artista comprometido políticamente, publicado el año en que el dictador agonizaba y moría era, por lógica, una cuestión de mucho peso. Aún así, aunque muchas de las letras mantienen un poderoso simbolismo y eran proclives a lecturas de tono muy politizado, el disco aún podía ser víctima de la censura. Cuestión que solo hacía que aumentar el poder de atracción de Llach, pero que también levantaba - me incluyo - más de un prejuicio.

Grave error: musicalmente, Viatge a Itaca es un disco muy valioso. Incluso diría que sin la interferencia del entendimiento del mensaje, si se valora exclusivamente en lo sonoro, hablaríamos de un muy notable ejercicio de pop de cámara, quizás en algún momento condicionado por el estilo de producción de la época, veteado con sonoridades de jazz suave o folk clásico. Y justo, aunque se haya caricaturizado a destajo, es hablar de la poderosa performance vocal de Llach, capaz de transmitir la emoción de las canciones sin caer en el abuso, con esa dicción que alarga las sílabas y encadena las palabras. La suite que ocupa la primera mitad del disco, Viatge a Itaca es una muy convincente secuencia de temas atravesados por la adaptación de un poema de Constantino Kavafis, melodía y armonía que surge y viene y va, aparentemente difícil de defender desde el punto de vista comercial, quince minutos son muchos incluso para las corrientes musicales minoritarias, pero ferviente e inspirado, con sus aires que mezclan instrumentaciones rock, clavicordio y flautas. Curiosamente Llach, que siempre se mostraba reticente al mensaje del rock, parece más cerca del prog que de la canción de acampada a la que estaba asociado. La segunda cara contiene cuatro canciones de aires íntimos y letras de obvio aire reivindicativo A força de nits debió volver locos a los censores. Parece una canción de añoranza romántica  pero se tiñe (no olvidemos ningún nombre) de aires de venganza política. Gloriosa. Y la canción que cierra el disco, Abril 74, dedicada a la revuelta de los claveles portuguesa, es todavía menos equívoca, con sus armonías vocales de corte clásico. Veintinueve minutos de música que, despojados de mensajes reivindicativos cuya oportunidad aún podría reivindicarse, resultan contener sonidos estimulantes, aún hoy en día.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Neneh Cherry: Homebrew


Año de publicación: 1992

Valoración: bastante recomendable

Aunque Neneh Cherry ya era una artista experimentada cuando publicó Raw like sushi, obviamente el fantasma del difícil segundo disco se aparece en este Homebrew. Para empezar, los aspectos personales son notorios: la vida como madre, haber dejado atrás el frenesí clubber que impregnaba hits como Buffalo stance. Se impone una cierta madurez y Neneh Cherry es aquí más brillante cuando menos se acerca a las premisas de su debut. A pesar de lo cual este disco no contiene hits memorables, más bien un puñado de buenas canciones bastante cohesionado, menos festivo y más reflexivo, donde el uso del sampler prácticamente queda relegado y deja irrumpir ritmos más sosegados, vocales más deudoras del soul que del hip-hop, arreglos más escuetos y de corte más clásico.

Incluso disponemos de irrupciones algo sorprendentes: Michael Stipe aporta vocales en Trout, Gang Starr aportan aires jazzies a la inicial Sassy, pero el disco queda condicionado por los temas más downtempo, no en vano algunos prebostes (como Geoff Barrow) del emergente trip-hop, asoman la cabeza en forma de arreglos o composiciones y lo convierten en un digno disco de continuación, sin nada que ver con su siguiente disco, Woman, ahí ya Cherry fue víctima de la incursión mainstream más absoluta, pero en este Homebrew hay canciones muy dignas. Move With Me toma el relevo de Manchild como balada épica con estribillo cantable, I Ain't Gone Under Yet recupera cierta esencia de tugurio humeante. Twisted desprende el aire casual de las canciones no destinadas a ser single y Somedays es coronada por un arreglo de piano de corte absolutamente clásico.

domingo, 28 de agosto de 2022

Ed Maverick: MPLLETC

Año de publicación: 2018

Valoración: bastante recomendable

Como muchos, supongo, la primera referencia de Ed Maverick que tuve en mi vida fue a través de su intervención en El madrileño, gloriosa canción en la que su poderosa voz sonaba y contrastaba, e incluso su intervención en el video resultaba curiosamente fascinante. Sobre todo cuando uno se entera que el hombre en cuestión es apenas un muchacho de algo más de veinte años. 

Y claro, la voz: el mexicano dispone de un contundente registro vocal grave y dolorosamente seguro, para nada el propio de su edad y de su, especulo, escaso bagaje vital. Aún así, este su primer disco, en realidad catalogado como mixtape resulta adecuado en el contexto de angustia teenager (MPLLETC es el anagrama de "Mix para llenar en tu cuarto") y las temáticas de las letras encajan en ese perfil ligeramente ingenuo de amores locos o amores no correspondidos, circunstancia que le debe haber procurado no pocos adeptos que se identifican con ese perfil: el adolescente (rango de edad cada vez más extenso) que se encierra entre cuatro paredes a mortificarse sobre la cruda realidad y los golpes que esta le depara en forma, básicamente, de desengaños sentimentales. Ese es un detalle que allana algo las canciones, junto a una decidida actitud do it yourself que redunda, junto a la sencillez de los arreglos, en una especie de sensación unitaria que, seguramente, sería algo agobiante si el disco se extendiera, pero es apenas media hora de canciones encabezadas por Fuentes De Ortiz, seguramente en su producción (áspera pero efectiva) y en su video debió irse la mitad del presupuesto. Y cómo marca el tono, hasta el punto de que alguna de las otras canciones acaba reproduciendo su estructura, lógico cuando la presentación es básica: guitarra y voz, en distintas tesituras de producción, incluyendo un descarado lo-fi o pequeños remedos de hits como Acurrucar - maticemos lo de pequeños, con cientos de millones de visitas, aunque en algún caso puede en karpe diem abandone el entorno folk y, aunque sea por necesidad de abandonar su zona de confort, coquetee con ese nauseabundo género que es el pop-rock. Vamos a confiar en que sus trabajos posteriores sepan mantener la esencia de lo mejor de este disco y no se deje contaminar en exceso por la abulia mainstream.

domingo, 21 de agosto de 2022

Françoise Hardy: La question


Año de publicación:
1971

Valoración: casi imprescindible

Sin pretender parecer superficial, he de empezar mencionando la condición de Françoise Hardy (en la actualidad, poco menos que reivindicando ser eutanasiada por los terribles dolores derivados de una complicada enfermedad) de persona más cool del universo justo en ese punto álgido en el que este disco se publicó. Una definición prácticamente imposible de sostener de forma objetiva cuando era bastante sosa ante cámara y tampoco era una persona muy activa en lo social. Pero incluso limitándose a estar era un icono absoluto e indiscutible.

La question es un disco casi a la antigua usanza. Doce canciones (seguro que seis por cara en su día), apenas media hora de música sin que ninguna canción llegue a los cuatro minutos. Creado en gran parte junto a Tuca, guitarrista y compositora brasileña prematuramente desaparecida, cuya guitarra en primer plano en el canal izquierdo domina en la mayoría de las grandes canciones que este disco alberga. Aunque yo hubiera elegido una canción diferente que Viens para abrirlo, una buena canción a la que aprecio un sonido algo abigarrado en la producción, el disco entra rápidamente en su sonido en La Question, colosal canción que ya empieza a transpirar, esos acordes, el tono casi irreal que el disco no abandonará, y uno podría decir que esa pose, esa languidez, a estas alturas resulta conocida y sobreexplotada, pero oh la la, resulta que Hardy estuvo allí primero, incluso aportando algo un poco extraño como Chanson d'O, prácticamente un susurro inarticulado, o Le martien, con esa especie de susurro acompañando, que alejan el disco del entorno de cantautor y lo elevan a esa especie de ámbito irreal. He de agradecer la inclusión de Si mi caballero en una histórica sesión para The Blue Room a cargo de Goldfrapp para penetrar en este disco y no puedo evitar recordar algo el último - hay algo injusto en que haya sido tan unánimemente ignorado - disco de Arcade Fire cuando oigo la sección de cuerda en Rêve, otra vaporosa canción que cierre el álbum entre deliciosos arreglos y la dulce voz de Hardy, no exactamente una cantante virtuosa, más bien un absoluto mito capaz de recrear un ambiente con un simple fraseo.


domingo, 14 de agosto de 2022

Depeche Mode: The Singles 81 - 85


Año de publicación: 1986

Valoración: casi imprescindible

Aún en activo, cuatro décadas después, sería injusto olvidar la colosal ristra de singles publicada por el cuarteto de Basildon antes de su colosal trío de álbumes ya reseñados aquí. En una época de efervescencia creativa, se permiten el lujo de publicar un recopilatorio (costumbre, por cierto, en desuso) que muestra su capacidad de generar hits como si fueran a pasar a otro nivel completando discos de gran formato... pero el grupo ya había publicado cuatro LPs, el futuro de la banda había sido fugazmente puesto en duda tras el abandono de Vince Clarke, y su sonido se había convertido en familiar para el gran público.

Y repito: sería injusto incluso aunque algunas de estas canciones hayan sufrido una cierta sobreexposición, quizás porque alguna de ellas pueda parecernos demasiado sencilla estructuralmente. Pero, gracias al estricto orden cronológico del disco, la evolución de la banda se aprecia, y es estratosférica para un periodo tan corto. Nada tiene que ver la sencillez de Dreaming of Me - Kraftwerk con acné - con la cálida candidez llena de claroscuros de See You - que puede conservar a los alemanes como referencia, pero que ha desarrollado su propia línea de progresión. La banda empieza a disfrutar de un status homologable con la parafernalia rock - aparece el cuero, el pelo largo, las drogas duras y su sonido se vuelve denso y más diverso. La estética y las letras de canciones como Master And Servant, o People Are People, tantea con lo industrial, ya no son post-adolescentes con cardigans imposibles, son una banda que emplea sintetizadores en vez de guitarras y que coquetea con lo gótico sin el menor problema en Blasphemous rumours. Aunque sus trabajos en larga todavía podían acusarse altibajos, sus singles eran inapelables, su productividad, descomunal, incluso se permitían lujos Shake the Disease, celestial, no llegó a incluirse en ningún disco largo oficial.

domingo, 7 de agosto de 2022

Ryuichi Sakamoto: Sweet Revenge


Año de publicación: 1994

Valoración: bastante recomendable

Vamos liquidando deudas inexplicables de este blog. Con Ryuichi Sakamoto, por ejemplo, al que curiosamente di cobertura a su biografía pero no aquí. Fundador de la Yellow Magic Orchestra, en los lejanos e influyentes momentos del bullidero synth-pop, posteriormente asimilado gracias a su prestigio y su formación clásica, como compositor para películas, para eventos, colaborador con lo más granado de la vanguardia musical, experimentador sin descanso, publicando música sin someterse a los dictados de las ventas, únicamente llevado por su inquietud creativa.

Lo cual convierte en un placer hurgar en su obra, y he de decir que podría haber elegido al azar con total seguridad de encontrar algo brillante e inspirador. Sweet Revenge se publicó en 1994 en medio del aluvión trip-hop, el músico japonés supo adaptarse sin mimetizarse y eligió colaboradores vocales para desenvolverse en piezas que van desde el soul suave hasta el r'n'b amable, una secuencia en la que desfilan voces casi anónimas y en la que brillan en particular dos piezas: Love And Hate, donde Holly Johnson aporta más creatividad y actitud vocal que en toda su carrera post FGTH, y Sweet Revenge, pieza central que titula y desborda el disco con sus aires cinemáticos, sus cuerdas suntuosas de poderosa carga emocional, centro que domina el trabajo y disculpa que algunas partes de este material suenen un poco planas, como si el músico se viese forzado a adaptar su música a la corriente imperante y el experimento tuviese distintos niveles de éxito. En cualquier caso, todo está en su sitio, la ejecución es impecable y nadie puede decir que esta música, con su elegancia y su devoción por el detalle, sea otra cosa que un trabajo meticulosamente preparado.

domingo, 31 de julio de 2022

Air: Le Voyage dans la Lune


Año de publicación: 2012

Valoración: muy recomendable

Podría sonar a trabajo de despedida, ya que, más de una década más tarde, este sigue siendo el último trabajo oficial del dúo francés. No lo es, al menos de forma oficial. Creo recordar que aportaron música de fondo a una exposición, o algo así, que podría sonar a movimiento coherente aunque algo snob, pero tampoco es que este Le voyage dans la Lune fuera a desentonar si su función es un final de carrera. Para bien o para mal, el descenso desde Moon Safari parecía ineludible y solo la suavidad de la decadencia alejaba a los entusiastas de la banda de cualquier alarma. Parecían fundirse en gris y sus discos empezaban a alternar sonido clásico del grupo con experimentos discordantes (el silbido en Alpha Beta Gaga) que insinuaban cierta desorientación. 

En todo caso, la media hora justita que entregan como colchón sonoro para la edición con color añadido del entrañable clásico de Georges Méliès resulta sorprendentemente inspirada. Quizás a la banda le faltara el empujón de una fuente inspiradora externa, quizás esa evocación planeadora complementaba su voluntad retrofuturista, pero el experimento resulta. Nada de electrónica flotante, atrás queda el ambient e irrumpe una especie de sonido atrevido y algo distorsionado, la evocación extraída de las imágenes de un siglo atrás se traduce en tonalidades melancólicas, aires relativamente progresivos, no tanto como los que saturaban su banda sonora para Sofia Coppola o su incomprendido 10000 Htz Legend, pero en cualquier caso inspirados y cohesionados. El dúo se desprende del formato álbum de canciones que había atenazado Love 2 y se les nota a sus anchas, quizás por última vez. Quizás los royalties aún les duren para vivir y no volvamos a saber de ellos. Quizás las previsibles reediciones, las giras, alguna producción ajena. El respeto ya se lo ganaron y Le Voyage dans la Lune puede parecer un fugaz regreso a la forma, o un canto del cisne, pero es un disco muy notable cuando parecía que podría tratarse de una broma.

El disco entero, aquí


domingo, 24 de julio de 2022

Pulp: We Love Life

Año de publicación: 2001

Valoración: muy recomendable

Si se entiende que el último disco en la carrera de un artista ha de tener algún significado, transmitir un mensaje codificado, que Pulp terminara su andadura con un disco como We Love Life solo sería un elemento más de su constatación como una de las mejores bandas de la historia, en cuanto a concentración y calidad de carrera se refiere. Sus cuatro últimos discos son gloriosos. 

En distintos niveles, e incluso cuando parecen ser colecciones de canciones de géneros diferentes, tal es su alcance como grupo. 
Por supuesto, We love life es el menos popular de ellos. No dispone de esos singles nervudos y llenos de ganchos que eran Common People o Babies. Cuestión que les alejó de las ventas de siete cifras, cuestión que los aparcó definitivamente en un estado diferente al britpop, con Oasis hundiéndose en el muro de sonido y Blur huyendo hacia cualquier dirección, de la etiqueta. We love life completa el desvío que This is hardcore había tomado, pero cuenta con una ayuda extra. La banda recurre para la producción a Scott Walker, obvio ídolo de Jarvis Cocker y, ya por aquel entonces, recluido y absolutamente ajeno al pop de masas o al rock convencional. Y consigue hacer notar su intervención, pero no se apropia del disco, abre un espacio en que la banda se siente cómoda y el disco no acusa el agotamiento propio de los discos de despedida, si es que esa decisión llegaba a estar presente en su concepción. Lejos de eso, el sonido es rico, dinámico y por momentos avasallador. Las canciones más largas adquieren una tonalidad épica en que es fácil abrumarse por el torrente sonoro, pero cada instrumento está en su sitio. Los desarrollos en esas canciones suenan lógicos, naturales, y el contrapeso de temas más breves y ligeros funciona a la perfección, equilibrando el disco sin renunciar a una sensación cohesionada.
Y tampoco es que se echen de menos los singles directos: las canciones más cortas suenan matizadas y más adaptables a patrones pop, mientras que las largas son extrañas, como si fueran concebidas como para representar una suite. El propio título del disco, habida cuenta de la ironía siempre presente en sus letras, parece conscientemente retorcido, e incluso la opción de abrir con dos canciones tituladas igual (
Weeds Weeds II, esta última parece un brillante outtake en pleno modo Screamadelica) se erige en una especie de declaración de principios: no estamos ante un disco convencional) dejando paso a un número excelso, con poderosos y limpios riff  en The Night That Minnie Timperley Died, para continuar el disco alternando elementos casi pop en  The Trees o  The Birds In Your Garden con los temas largos que establece el fondo del disco. Calma y saturación alternan el tema que titula el disco, en Sunrise Pulp o en  Wickerman, con sus momentos shoegaze intensos, qué poco daba que pensar que estábamos ante su último material grabado.


domingo, 17 de julio de 2022

Massive Attack :Mezzanine

Año de publicación: 1998

Valoración: recomendable

Supongo que un - limitado - debate sobre la carrera de Massive Attack  incluiría una eventual discusión sobre si este Mezzanine o su debut, Blue Lines, representan la cúspide de la carrera del colectivo de Bristol. Ese es el motivo por el que no podemos obviar este álbum aquí, aunque seamos unos firmes defensores de la idea de que no hay debate. Mezzanine es el primer paso de la decadencia de la influyente banda y no veo demasiado argumento en contra. No solo porque sus discos siguientes pasaran desapercibidos. Algo se ha perdido, parece, de forma definitiva, algo que Protection, ignorado pero brillante segundo disco, aún conservaba. 

Primero, el gusto por las colaboraciones, especialmente vocales, de la banda, se extrema y empieza a abarcar amplios (demasiado amplios) sectores de su sonido. La elección de Elizabeth Fraser, de la banda indie Cocteau Twins, me parece un poco extraña dada su distancia respecto a la escena electrónica del momento, y he de decir que creo que su actuación en Teardrop la acerca más a Enya o Sally Oldfield de lo que me hace sentir cómodo. Y la evolución del sonido de la banda me parece demasiado acomodaticia con la situación imperante en 1998, esos crescendos guitarreros que ensucian canciones como Angel, puede ser una impresión de este que esto escribe, alejan el sonido de la banda de sus premisas iniciales, para mal. Los samples de oscuras figuras del jazz o el funk se han desvanecido. Solo la voz de Horace Andy nos remite a los colosales temas que se convertían, singles al margen, en los valores de Blue Lines. 

Seguramente, el mito ya se había consolidado y esa apuesta por un sonido endurecido, más radiable, más friendly con la generación del grunge y el indie, sea su disco más vendido y el que les procuró más seguidores ajenos a la escena electrónica. Incluso con algunos excesos más o menos aceptables con la coartada de la experimentación, como en Dissolved Girl, se percibe la sensación de que la inspiración ya ha tomado el camino a la puerta de salida, y podemos considerar su cierre,  Exchange, como la última muestra clara del talento de la banda. Tras eso, una triste decadencia y mucho vivir de rentas y royalties (y de la sempiterna sospecha de que 3D es Banksy, que eso también acaba vendiendo).

domingo, 10 de julio de 2022

Gavin Friday: Shag Tobacco


Año de publicación: 1995

Valoración: casi imprescindible

Reanudamos el recorrido del blog con lo que intentará ser una serie cronológica que nos acerque a la actualidad. Cuestiones diversas nos han llevado a un relativo parón y esto tiene que reprenderse de alguna manera. Shag Tobacco es un disco idóneo y se trata de esos trabajos que uno no deja de escuchar aunque ya haya cumplido con la tarea de reseñarlo. No siempre sucede así. Quiero decir, es una música que se resiste a abandonar al oyente, que permanece en el cerebro y se echa de menos. Parte de la culpa la tiene su escasa inmediatez, esa cualidad que hace que penetre de forma lenta y paulatina y se aposente en sus detalles.

Buena parte de ello cabe achacarlo a la producción precisa y milimétrica cortesía de Tim Simenon, responsable del sonido de discos como Raw Like Sushi y miembro ocasional de una hipotética generación de transición entre el hip hop y el trip hop. Simenon demuestra eclecticismo y adaptación al material de Gavin Friday - músico procedente de la escena after-punk - y sus detalles afloran por doquier ya sea en forma de oportunas pedorretas electrónicas o de inclusión de instrumentos aparentemente anacrónicos (acordeones, violines) sin que en ningún momento resulten discordantes.

Claro que difícil es parecer discordante entre tanta variedad de estilos, y aunque el entorno dominante pudiera ser el downtempo con aportaciones vocales - esto son canciones - el alarde de creatividad de Friday da para mucho, desde el glam-rock (incluida versión de T.Rex) hasta detalles electro-pop e incluso con aires cabareteros, que afloran por otras partes a lo largo de doce canciones, en un brillante tracklist que contribuye (cualidad que suele loarse en los discos) a que todos los temas acaben convirtiéndose en algún momento en el favorito de uno.

Shag Tobacco, la canción, marca el tiempo: los efectos, las texturas de los sintetizadores, ceden ante los golpetazos de ritmo que le aportan un aire de marcialidad, pero que es idónea como apertura. Desde ahí tenemos los aires ligeramente alienados de Caruso, cuya versión en vivo ya muestra lo teatral que puede ser Friday, siempre bordeando la sensación bombástica (ese discurso entre su voz tratada y su voz normal) pero saliendo adelante. Porque también hay que hacer hincapié en que la cuestión vocal es brillante aquí: con aires de Bowie en Mr. Pussy, otra brillante canción apartada de los cánones de toda época y estilo, pero combinando falsete e inflexión pop en You, me & World War Three, donde parece jugar a ser Billy McKenzie y acaba entregando el hit que hubiera dignificado toda la carrera de ABC post Lexicon of Love. Dolls regresa al juego de voces y amaga un conato de dureza, pero se regresa a los matices en las cuatro canciones finales: The Last Song I'll Ever Sing podría representar una especie de colofón que aún cuenta un plus adicional: los aires ligeramente perversos de Le roi d'amour aportan cierre a un disco (a ver si acabo borrando ese "casi") que representa un colosal descubrimiento, aunque sean 27 años tarde (y por una reseña de un disco de Depeche Mode, por cierto).

domingo, 3 de julio de 2022

Prefab Sprout: From Langley Park to Memphis

Año de publicación: 1988

Valoración: muy recomendable

El propio impacto estético de la portada ya avanza el cambio sonoro. Paddy Mc Aloon hace que la banda abandone el paisaje brumoso de la campiña que adornaba Steve Mc Queen. La portada de From Langley Park to Memphis muestra a cuatro jóvenes con estética desenfadada, en cualquier caso alejada de los estereotipos de la década, parecen más bien -sin llegar al extremo de los Talking Heads - cuatro estudiantes de post-grado que se resisten a abandonar los hogares familiares. Pero americanos. Desde su título, el disco es un puro homenaje, no exento de sus dosis de sarcasmo, a la cultura USA. De hecho, sus dos peores canciones (curiosamente, aquellas con melodías simples y ganchos vocales que elevaron el disco a la fama) parecen evocar el rock-pop americano más asequible.

 Cars and Girls, sacrilegio, pone en tela de juicio a la multitud seguidora de Bruce Springsteen y se mofa algo, desde el título, de las temáticas pujantes en sus canciones. Y no creo que haga falta mucha explicación sobre una canción que se llama The King of Rock'n' roll. Pero, con la excepción de The Golden Calf, anodino boogie-rock sin más atractivo que un riff algo enganchoso, el resto del disco se ubica en otro nivel de atracción hacia la cultura americana. Aquí participa la armónica de Stevie Wonder e incluso uno de esos coros de los números finales de los musicales de Broadway. Y son siete canciones magnificas que quedaron eclipsadas por los números comerciales del disco, cosa que, supongo frustraría a Mc Aloon, que era cualquier cosa menos un rockero al uso - de hecho, parte de este disco aún la produce Thomas Dolby y está compuesta partiendo de teclados.

Por eso su siguiente disco, Jordan: The comeback sería casi la antesala del suicidio comercial. Pero todo es delicioso aquí, desde la delicadeza de Nightingales, la ampulosidad con tono de despedidaThe Venus of the Soup Kitchen, el tono ligeramente adúltero de Nancy (Let Your Hair Down For Me) una de esas canciones inexplicablemente sexy, o la fanfarria casi turística, atiborrada de cuerdas en la frontera del kitsch de Hey Manhattan!, el fake caribeño de Knock On Wood, o el chulesco swing de Remember That todo el resto del disco es un catálogo de música sofisticada, elaborada y voluptuosa, como una demostración del carácter único de la banda en medio de la despistada década de los 80.

domingo, 26 de junio de 2022

Lloyd Cole and the Commotions: Rattlesnakes

Año de publicación: 1984

Valoración: muy recomendable

Resulta sorprendente y extraño verificar que Lloyd Cole es inglés: desde sus referencias culturales hasta su sonido e incluso su aspecto (parece el hermano mayor algo entrado en carnes de Chris Isaak) nos lo situarían antes en algún paraje del Cinturón del Trigo o incluso integrante de segunda fila de alguna pandilla de fracasados en una peli de Tarantino. Pero sobre todo, el sonido. Y el debut de la banda, publicado en esa tierra de nadie que era 1984, con los sonidos experimentales en franca decadencia, el dominio de Michael Jackson o Madonna (ambos, a la vez, geniales e insoportables), los grandes grupos de la new wave languideciendo, algunas grandes bandas adaptándose, este Rattlesnakes resultó brillar en medio de ese marasmo, más por cuanto su sonido limpio y contundente (agradezcamos a la producción de Paul Hardiman el dejar todo ese espacio en las canciones) eludía avasallar al oyente y se situaba en ese fascinante espacio inhabitado, no le culpemos de las desgracias sonoras perpetradas por sus imitadores a posteriori.

En todo caso, Rattlesnakes es un debut excelente, teñido de la voz grave y profunda de Cole, lejanamente deudora en su fraseo algo distante de la de Lou Reed, pero acompañada de una banda donde no falta uno de los aderezos propios de esos estilos bastardos: un órgano (no sé si Hammond o Farfisa, ahora que veo el video veo que es un sinte de Korg) abre contundente Perfect Skin y Cole suelta sus letras trufadas de referencias literarias y cinematográficas, incorporándolas sin reparos incluso en los estribillos, como en Rattlesnakes, aquí enriquecida por las cuerdas, también presentes en cumbres del disco como Speedboat, que parece un paseo por los pantanos de New Orleans, o ese fascinante crescendo, de aires loureedianos que es Forest Fire, cuatro fasicinantes ejemplos de canciones de aires casi irreales, aunque siempre se pueda alegar que la segunda parte del disco se resiente algo al compararla con el torrente, curioso que le suceda lo mismo que a otro disco casi contemporáneo como Steve Mc Queen de Prefab Sprout, pero en todo caso las canciones de este debut aún suenan frescas y contundentes, casi cuatro décadas después, cosa que, cuando pienso sobre ello, empieza a acojonarme.


domingo, 19 de junio de 2022

The League Unlimited Orchestra: Love and dancing


Año de publicación: 1982

Valoración: imprescindible

No contentos con definir la esencia de la mezcla de pop y sintetizadores en su inigualado Dare!, The Human League amagan una mutación (solo amagan, la elección del nombre alternativo ya esconde un poderoso guiño a las esencias disco) y completan el colosal logro de su obra maestra aportando una vuelta de tuerca que confirma sus intenciones: ser grandiosos aunque fuera por un corto espacio de tiempo. No a la Warhol, por supuesto, más bien como se podía llegar a alcanzar en ese turbio mainstream británico que combinaba locura y ensalzamiento por la prensa especializada y una absurda pero vehemente elevación de ídolos para aniquilarlos al primer fallo. Y la cosa resulta sencilla, pero ahí también dieron muestras de ser pioneros. Tómese el material de un disco soberbio y combínese sin la mínima contemplación. El título (magnífico: Amor y baile) es de una elegancia supina. Tan osado como descriptivo. 

El contenido, empezando por la pluscuamperfecta extended mix de su hit Don't you want me. Perdonad que tire de archivo personal: escucharlo pinchado en su momento, Studio 54 de Barcelona, sesiones nocturnas, justo el juego de luces en los escasos segundos, tercer minuto, en que el loop se repite en la mezcla, antes de que tome el timón esa especie de rasgueo sintetizado, irrepetible instantánea que muestra la inigualable comunión que la música puede producir en una pista de baile entregada. Pero al margen de la obvia inclusión de su hit eterno, el disco aporta puro placer sonoro, desde la inclusión de Hard times, cuyas voces rememoran alguno de sus trabajos anteriores, hasta la entrañable progresión en crescendo lo-fi en The Things That Dreams Are Made Of, aquí las artes de Martin Rushent (un crimen ignorar su magnífica contribución al sonido del grupo e incluso al aguerrido concepto de entregar una versión alternativa de todo un disco) apelan al dub. Do Or Die avanza con una marcialidad de aires casi medievales. Pero hay de todo y es indudable que este sería un disco de cabecera para muchos de esos músicos que andaban por Detroit trasteando con teclados. Dare! es un disco perfecto e ineludible, Love and dancing es una pieza de complemento que se desborda en cada minuto y que demostró, 1982, que también las canciones perfectas podrían ser elevadas a otros niveles.

domingo, 12 de junio de 2022

Dua Lipa: Future Nostalgia

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable

Sí: pop. Podríamos decir electrónica, funk, disco, podríamos decir muchas cosas de Future Nostalgia y en muchas coincidiríamos, pero siempre nos dejaríamos algo. Así que pop. Este disco es una muestra canónica de pop pluscuamperfecto adaptado a los avances de la música en las últimas décadas, ese que ha integrado sin ningún reparo todos los sonidos que se han ido aportando, no solo en estilo, sino en definición de sonido, en formato de composición, en producción. En términos de calidad, sin ningún pero pues ofrece más de aquello que, a primeras, se exige al pop. Por supuesto hay asequibilidad y uno diría que, gracias, otra vez, a la contención a la hora de incorporar material, once canciones y apenas cuarenta minutos, lo que entrega la duración casi perfecta de la canción pop. Sobre los tres minutos, soltando al oyente antes de que este se canse. Y gracias a Dua Lipa por no abusar de su registro vocal en aquello que hunde a otras divas del pop. Evita el gorgorito, el lucimiento técnico, la búsqueda del exceso que abruma al oyente, todo eso que buscan cantantes como Adele, Dua Lipa se las apaña para evitarlo. 

Lo hace con canciones de enganche inmediato, pero que desvelan matices. Entrando con una declaración de principios, el corte que abre y titula el disco, justo el amago de voz hip-hop que la aleja de la ridiculez, ya anuncia que ahí no se va a amparar en un sonido y a no soltarlo. Don't Start Now parece arrancar donde el primer (y nunca igualado) disco de los Disclosure lo dejó. Gran producción, soberbia línea de bajo, sonido minimalista y uso perfecto de capas de cuerdas (¿Fairlight? ) y su voz, marca de la casa, que suena sincera, convencida y consciente de que, aunque sea el detalle que aporta personalidad a las canciones, hay que dejar espacio al sonido. Tras estas dos canciones, la serie de hits en potencia es imparable y de un promedio poco habitual en este tipo de trabajos. Gracias, de nuevo, por limitarse a once canciones y no dejar que material de relleno estropee el promedio, e incluso así mostrar sanas influencias (desde INXS hasta White White Town, las visibles, Chic o Daft Punk siempre gravitando ahí) y mucho gusto en todo momento. Porque todo resulta sofisticado y elegante pero no frívolo. Esa sensación que desprende el sonido es lo que la convierte en una perfecta estrella pop, de una sencillez y empeño curiosamente contagioso (su sesión para Tiny Desk es una delicia de gusto y contención) y en un ícono global en un nivel bastante concurrido en el que se ha abierto una brecha que, esperemos, pero este es un mundo difícil, sepa aprovechar por algún tiempo.


domingo, 5 de junio de 2022

The Haxan Cloak: Excavation

Año de publicación: 2013

Valoración: muy recomendable

Para los fanáticos del vitalismo hedonista y la placidez despreocupada que desprendía el último disco comentado aquí (el debut en largo de Astrud Gilberto), que sepáis que no hay nada más idóneo que escuchar este Excavation de The Haxan Cloak (nombre tras el que se esconde el músico británico Bobby Krlic) para darse cuenta, o al menos eso defiendo con tesón, de que no hay mejor actitud ante la música (y ante su casi imbatible cualidad de activar sensaciones) que la apertura absoluta de miras. 

The Haxan Cloak producen música al margen de voces, de melodías, de argumentos comerciales. Esto es sonido en estado puro y sin necesidad de ceñirse a argumentos convencionales, mucho más turbio en su forma que, por ejemplo, Throbbing Gristle o Aphex Twin, y no sé si ello es premeditado o consecuencia del background de su autor. De forma muy coherente, uno de sus trabajos posteriores es la banda sonora de Midsommar, esa inquietante película de terror a la luz del día, porque lo que queda muy claro en las piezas de este Excavation es su eficacia en la recreación de ambientes, su enorme poder para generar capas y que éstas se integren con una coherencia que parece más sonora que convencionalmente musical, pero que curiosamente tiene sentido y lo tiene más a cada escucha, con lo que nos encontramos, paradójico, en una laguna de pura abstracción que genera escenarios visuales en vez de complementarlos. Cuesta encontrar equivalentes sonoros a este torrente de bajos subsónicos, sintetizadores manipulados y grabaciones tratadas, aunque podríamos tantear entre los primeros minutos de Closer de Richie Hawtin, algunas bandas sonoras de Warren Ellis o Jonny Greenwood, sin olvidar las partes más calmadas de la última época de Scott Walker. Los auriculares obran un efecto adicional puesto que la producción es meticulosa y casi un componente más de la música, tan alejada del ruidismo de Merzbow o Beaumont Hannant como de la placidez ambient o de la elegancia neoclásica de Johann Johansson u otros músicos de la corriente de hace una década. Con aspectos que lo enlazan con la música industrial, los bajos drone y, por supuesto, el dub extremo de grupos como Techno Animal. Desprende una sensación extraña, como una especie de sordidez solemne e irreal, una tensión no asfixiante pero sí tenue e inquietante. Seguramente se trate de un músico que no se prodigue mucho, aunque algunos (Goldfrapp, por ejemplo) se apresuraron a recurrir a él en búsqueda de ese sonido indescriptible. 

Nada más alejado del pop y las radiofórmulas, simplemente música contemporánea explorando las (cada vez más escasas) nuevas vías.

El disco completo aquí.


domingo, 29 de mayo de 2022

Astrud Gilberto: The Astrud Gilberto Album


Año de publicación: 1965

Valoración: muy recomendable

La historia de coincidencias por la que Astrud Gilberto acabó desarrollando una carrera como cantante ya es conocida. Y la velocidad a la que los acontecimientos se precipitaron, notable. No pasó ni un año desde que aportara su voz, cálida y sensual pero con obvias limitaciones técnicas, en las canciones de esa biblia del género que fue Getz / Gilberto y ya se enfrascó en la publicación de este primer disco, donde contó con todos los requisitos para convertirse, de inmediato, en otro clásico. Publicado por Verve, sello emblemático de jazz, producido por Creed Taylor (que había aportado gloriosos arreglos) y, por supuesto, con la inestimable ayuda de Antonio Carlos Jobim, que aportó guitarras y la autoría de la mayoría de las canciones, cómo no. Si la bossanova era el estilo en eclosión, darle la espalda era una estupidez.

Gilberto alterna inglés y portugués en las canciones, once en un disco que no llega a la media hora, y prácticamente define el género y se condiciona, claro, su carrera posterior. Cantaría mejores o peores canciones (son sublimes sus rendiciones posteriores de The shadow of your smile o Manha de Carnaval), pero su voz, dulce y perezosa, se convertiría en una especie de marca de la casa e influiría a varias generaciones (desde lánguidas cantantes hasta grupos vanguardistas como Stereolab o Broadcast). El peso del material de Jobim es enorme aquí, y ello representó, a la larga, un lastre para Gilberto, que siempre fue "la chica que cantaba en Girl from Ipanema", pero es absurdo olvidar la relevancia de otras canciones, que aunque solo sirvieran para apuntalar el estereotipo son, pasados los años, eternos clásicos, revisitados por otros artistas pero siempre con la indeleble sensación de que esta era (con permiso de Joao Gilberto) su mejor versión. Canciones sencillas con deliciosos arreglos y melodías indelebles.

El álbum completo, aquí The Astrud Gilberto Album

domingo, 22 de mayo de 2022

Nancy Sinatra & Lee Hazlewood: Nancy & Lee

Año de publicación: 1968

Valoración: muy recomendable

Los 60... Apenas unos segundos instrumentales y la voz de Lee Hazlewood entona el primer fraseo: su diafragma parece estar cuarteado y apunto de romperse. Podéis reíros de la voz agónica de Tom Waits, pero la de Hazlewood no le va a la zaga, parece que acabe de bajarse de un caballo tras atravesar el desierto sin tomar líquido alguno en una semana. Entona, junto a Nancy Sinatra (sí: hija de) el clásico de los Righteous Brothers You've Lost That Lovin' Feelin' que aunque fuera una moda de la época, no me parece una canción que marque el tono del disco. Quizás, por demasiado obvia (aunque hasta la Human Leaguet la versioneara pasados unos años) para lo que tiene que venir. Que es un ejercicio extraño erigido a clásico por el paso del tiempo. 

El disco, once canciones y algo más de media hora, se escinde en dos partes con difusas fronteras: las canciones más escoradas hacia el country más canónico son obvias y casi grotescas: hay algo incómodo y ya completamente caduco en canciones como Elusive Dreams o la ramplona Jackson, casi parodias con aire kitsch que queda compensado con la inclusión de los números más osados, donde se opta por la introducción de elementos pop, que junto a las cuerdas y los fabulosos arreglos, como Summer Wine o al avance reptílico de la mejor canción del disco: Some Velvet Morning, junto a Lady Bird. señales inequívocas del reto interpretativo que supone el LP. No fluye química sexual, o no lo hace de una forma sana y abierta, Hazlewood parece un cazador de recompensas plantado en un estudio, aunque atesora las labores compositivas, Nancy Sinatra actúa como si fuera una pin-up aunque sus formas vocales ya habían llamado la atención y había protagonizado la sempiterna canción de créditos en una película de la saga Bond. Obviamente un disco muy recomendable por su notable poder de influencia y evocación.


domingo, 15 de mayo de 2022

Japan: Tin drum


Año de publicación: 1981

Valoración: muy recomendable

Como Martin Power describe brillantemente en su biografía sobre David Sylvian, parece que la cúspide creativa que representa Tin drum marca un momento idóneo para que la banda se separe. Al margen de líos de faldas, de diferencias de concepción sonora, de cierto escepticismo crítico relacionado con la poderosa carga estética del grupo, mezcla de ambigüedad glam y sensibilidad hi-tech, de conatos de aventuras en solitario. El recorrido de macarras de callejón pestilente a estetas interesados por lo ajeno a Occidente ya era, de por sí, un sprint agónico tras el que había que descansar.

Icónica portada. Desde el nombre hasta algunos hits menores rescatados por su anterior sello, el interés por las culturas orientales se había manifestado en algunos matices en Gentlemen take Polaroids, en sus afinidades con el genial Ryuichi Sakamoto que ya se materializarían en una aventura extraconyugal - la excelente Bamboo Houses. El nombre de la banda en color rojo. La estancia austera, la foto de Mao con señales de llevar ahí un tiempo. Provocación pura hacia los detractores de la banda. El recorrido post-Roxy finiquitado, una cierta pose arrogante, los trajes, los cuellos mao, el ostentoso maquillaje en hombres heterosexuales. Pero claro, la música: los ritmos cortados de  The Art of Parties, más deudores de Remain in light que de Stranded. La estratosférica línea de bajo en Visions Of China, el excelente trabajo de percusión a lo largo de todo el disco, con las guitarras cediendo terreno, ese hito del sonido congelado que representa Ghosts, insospechado hit de absoluta oscuridad sonora y lírica, acompañados estos singles por extensas canciones de títulos y sonoridades evocadoras Still Life In Mobile Homes - vida estática en casas móviles, o los sonidos deudores de Joy Division, como para recordar que estamos en la Inglaterra del post punk, donde el bullicio creativo y las interacciones entre sonidos eran prácticamente la norma a seguir. Cuarenta años después, muy pocos discos tan voluntariamente apartados de las premisas comerciales son capaces de acceder a las listas. Seguro que a muchos no les gustó, pero Japan lo hicieron. Y se fueron.

domingo, 8 de mayo de 2022

Arcade Fire: WE

Año de publicación: 2022

Valoración: bastante recomendable

Arcade Fire es una banda de rock. Con devaneos electrónicos, en función de quién les haya producido, pero una banda de rock. Las bandas de rock suelen llevar bastante mal las curvas descendentes de las carreras, sobre todo ese terrible primer disco que decepciona, el que marca el inicio de la agonía, y ese inicio de decadencia suele manifestarse en cismas dentro de las bandas, que podrían agudizarse cuando las bandas son numerosas, que es este el caso. Nada menos que un componente, hermano del líder, ha abandonado la banda.

Everything Now, anterior disco, pasa, aún por ser su peor trabajo, con mucha diferencia. Antes de eso, cuatro muy buenos LPs, pero ese quinto disco hizo saltar las alarmas. Un sonido a medio camino de todo, experimentos con estilos que no eran, para nada, su especialidad, composiciones que dejaban mucho que desear. Especulo con el medio en el cuerpo que se le metería a la banda cuando vieron como la unanimidad crítica que había abrazado su debut, el ya lejano Funeral, tomaba el camino contrario. Frialdad absoluta y críticas de las que escocían. 

Entonces con este WE parecen haber tomado nota y han recuperado el sonido que les encumbró. Muchos dejes de sus discos anteriores, como las canciones con títulos idénticos, cierto aluvión sonoro ligeramente heredero del rock americano, combinado con lo que parece un mensaje contemporáneo en las letras, junto a otros guiños (la portada, obviamente inspirada en Scott 3) y una opción por la intensidad de manera desacomplejada. Decisión que deja algo frío a primeras, con un obvio aroma a reculada, y una búsqueda algo forzada de antiguas sonoridades, para lo cual han requerido la ayuda de Nigel Godrich, célebre factotum del sonido de Radiohead. Curioso, y uno piensa si todo el disco va a sonar a Exit music (for a film) y, aunque no, la influencia es clara, no avasalladora, pero la combinación resulta: WE aglutina sonoridades de los cuatro discos buenos de la banda, y hay intensidad, algún conato excesivo (ese one, two, three, four, en The Lightning I, II por eso, sobra), curiosas combinaciones sonoras resueltas en arranques sintéticos como cambios de ritmo en las dos Age of Anxiety I, canciones más bien introspectivas, arranques algo dubitativos (la melodía de Imagine resuena en End of The Empire I-III e intentos poco disimulados de desprender mensaje acorde con los tiempos (en Unconditional I (Lookout Kid) parecen los Dexy Midnight Runners) de que el disco sea, sino un retorno a la forma, una clara salida del bache. Y aunque la lógica dice que tardaremos en ver la continuación de WE), el disco abre la vía a cierta esperanza: la banda todavía no ha enfilado la ruta U2 o la ruta Coldplay, parece tener, aún, algo que decir. Simplemente, han tirado de oficio para subsanar el error de Everything Now. Quizás, de forma demasiado obvia. Pero dejando lugar a la esperanza.

domingo, 1 de mayo de 2022

The Walker Brothers: Nite flights

Año de publicación: 1978

Valoración: muy recomendable

El que discuta la importancia de Scott Walker en la historia de la música contemporánea (adscrita, claro, a la escena pop y rock, y por tanto, importancia en una corriente musical en irreversible decadencia) puede optar por

a) seguir escuchando su obra hasta darse cuenta de su grave equivocación

b) dejar de leer esta reseña pues obviamente hay una grave incompatibilidad de criterios, y puede ser que esté más a gusto oyendo, por enésima vez, los discos de Ted Nugent o AC/DC o cualquier otra mierda que suela oír.

Bien; hecha la pertinente depuración, aclaremos que en 1978 los Walker Brothers (grupo pop que en algún momento llega a competir con los Beatles en las batallas por el trono allá por los mediados de los 60) efectúan una última reunión tras su desbandada definitiva. Scott Walker, líder indiscutible, ha dejado en vilo su carrera en solitario tras la incomprensión comercial. Me da con que su cabeza no ha parado de concebir música y que los royalties le han facilitado la vida. Pero desde 1970 a 1978 han pasado muchas cosas en la música, y no todas han sido buenas, pero Walker parece haberlas asimilado. Nite Flights pasaría por ser uno de los discos más extraños de la historia pues su tracklist asemeja más a un enlace de EPs de tres músicos con concepciones sonoras diferentes que deciden compartir un LP. Como un piso en cuyas habitaciones vive un nepalí, un alemán y un español, el disco funciona porque hay una secuencia y un orden, pero ello es revelador. De forma cruel. Y explica a las claras porque, hasta su muerte hace unos años, Scott Walker fue un referente y sus falsos hermanos unos completos desconocidos. No es que las canciones que siguen a partir del quinto tema sean absoluta basura. Pero el material que aporta el primero empieza ya a revelar sus inquietudes. Con características inquietantes: el proto-disco de Shutout, ya muestra la obsesión de Walker por abandonar el uso vocal al estilo crooner y llevarlo a territorios inquietantes, doblándola. Fat Mama Kick muestra que ha escuchado más discos como Low o incluso a Can o a Japan que a las momias del rock progresivo, de hecho David Bowie le devuelve el favor años más tarde con el cover de la canción que da título al disco, abierta por unas tensas cuerdas completamente impropias del momento. Y aún queda la soberbia The Electrician, auténtico precedente de mucha de su producción futura y, ya que estamos, canción de seis minutos que debería formar parte de la historia de la música: realmente hay tanto ahí, desde la tensión propia (esa nota sostenida que parece una herencia de It's Raining Today) de sus clásicos, hasta esas oleadas sonoras hasta alcanzar la cúspide en la sección de cuerda y la parte instrumental. Puro blues futurista.

Y entonces viene el escalón, hay que tener mucha voluntad para lidiar con un cambio tan diametral. A partir de ahí el disco pasa a ser dominado por canciones de poco brillo, alineadas con el sonido convencional de la época, sin ninguna intención innovadora. Más cerca de Toto o de Foreigner, que es ya suficientemente definitorio. Por supuesto pueden ser escuchadas, pero más allá de eso no merecen gran atención. Scott se quedó el testigo y siguió, en solitario y de forma lenta y meditada, casi cuatro décadas más.

domingo, 24 de abril de 2022

Arthur Verocai: Arthur Verocai


Año de publicación: 1972

Valoración: muy recomendable

Cincuenta años de este disco, tras el cual su autor prácticamente se esfumó del mapa, y su frescura permanece intacta. Una frescura revestida de ingenuidad si uno se fija en su precaria técnica de grabación, aquí no debe haber mucho más de cuatro pistas que suenan salvajemente en su canal, en algunos casos detalles rítmicos que parecen un poco superpuestos, pero nada desde luego que eclipse el portentoso valor de estas composiciones. 

Hablamos de música exuberante, llena de influencias y atmósferas que cambian de canción a canción, un disco que apenas dura media hora y que concentra sabores locales (sí, los fraseos de guitarra son propios de la bossa-nova, claro) pero los integra en una especie de regusto universal, celestiales composiciones junto a soberbios (aunque modestos arreglos) que mantienen la esencia del tropicalismo, pero que se yerguen orgullosos como para decir que no todo Brasil es Jobim. Y aunque su influencia se note, esas voces masculinas que suenan delicadas, pero firmes y resueltas, aún a coro, esas cuerdas y esos vientos que pueden intervenir puntualmente o adueñarse de las canciones, ese encantador aire amateur que aflora de los escasos medios pero que no puede hacer palidecer esa decena de canciones soberbias, dejadas ahí (en medio de la nada, como evoca esa portada que muestra cualquier cosa menos playa y palmeras) para que se disfruten sin pretensiones ni artificios.

Escuchad esta maravilla aquí

domingo, 17 de abril de 2022

Rosalía: Motomami


Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable

Este es un blog serio. Aquí se escuchan con detenimiento los discos que se reseñan. Varias veces. Incluso alguno de heavy-metal, aquél de AC/DC, aunque en este género es suficiente con una canción para saber como suena cualquier disco de cualquier grupo que a él se dedique. Y hago esta aclaración ya que, el 18 de Marzo, a las dos horas de que Motomami estuviera disponible vía streaming en las plataformas, parecía existir una carrera entre los medios para ser el primero en opinar sobre el disco, como si faltara tiempo para ello, y diría, porque he leído bastantes opiniones, que esa precipitación indujo a juicios muy ligeros y a obvios errores de apreciación. Porque aquí tampoco somos de la opinión de que para gustos, colores. La música mediocre, y la hay por todas partes, siempre lo es. Y no hay que respetar a quien participa en ella. La música mala hay que señalarla en medio de la plaza pública y, a partir de ahí, premiarla con la indiferencia.

Los precedentes de Motomami eran bastante intranquilizadores: desde la publicación de El mal querer Rosalía había publicado un material propio bastante rácano y había encadenado una serie de colaboraciones que no hacían presagiar nada espectacular. Hizo que Billie Eilish pareciera Enya, que James Blake cantara en un macarrónico español pareciendo un turista borracho en Salou, aportó la nada a Blinding Lights de The Weeknd, todo su material parecía revelar una artista con mucha mala expectativa si se pretendía emular el éxito de su disco anterior. Un disco, visto en perspectiva, basado en adaptar, en sus singles, sonidos urbanos a la incorporación de evocaciones de aires flamenco. Pero donde los puntales eran sus singles, puros torpedos rítmicos. 

Tampoco en su día caímos en la importancia de C Tangana en las tareas compositivas. Ex pareja de Rosalía, pero a este blog no le importa con quién folle un músico, mientras haga buena música. Y es curioso que C Tangana haya publicado, hace ahora un año, un brillantísimo trabajo, que. en su  caso, podríamos describir como estrella de la música urbana intenta que su público natural conozca la música de la generación anterior. Pero Motomami parece querer otra cosa: que la generación anterior conozca la música de hoy. Empecemos a aclararnos: lo intenta con mucha brillantez. Y esto también es curioso: de los dieciséis temas incluidos los cuatro puntales del disco son temas lentos, casi congelados, todo un desafío encontrar ritmo o bpm en esas cuatro pequeñas maravillas que articulan el disco, cada uno a su manera. Hentai, video de una sensualidad inequívoca, es una balada de aires cinematográficos, una letra bastante explícita (para vergüenza, Jordi Basté, a la sazón su posterior entrevistador de puro peloteo, se reía en el momento en que la cantante publicó un vídeo con una de sus estrofas), una curiosa estructura donde brilla una minúscula sección de cuerda. G3 N15, un órgano solemne en medio de un recuerdo hacia un familiar, Como un G, que parece, entre pianos tratados a la Aphex Twin época Drucqs y apelaciones inequívocas al sonido de Frank Ocean, una especie de confesión, tonalidad lírica que repite en el falso directo que cierra el disco, Sakura, demostración desvergonzada de poderío vocal y colofón de un disco que deja con ganas de más.

Porque, rompamos (aparte de la extensión) otra costumbre de este blog haciendo prevalecer lo sonoro sobre lo lírico: las letras de las canciones de Motomami hablan de bregar con la fama, con la distancia de los seres queridos, de los cambios que a uno le produce el convertirse en una celebridad. Mensajes claros y contundentes que se encuadran en el contexto del disco. Llamar a este disco experimental me parece forzado y exagerado, pero desde luego la convencionalidad se ha descartado de entrada, lo cual delata que Rosalía no se limita a interpretar o componer: es una auténtica obsesa de la música que deglute y asimila toda clase de tendencias y las muestra sin temor a la discordancia o incluso a la brusquedad. Puede funcionar peor o mejor, pero mezclar  en CANDY ritmo de reggaeton pasado por filtros e incorporar un préstamo de Burial, insertar a James Blake en DIABLO, una fascinante pieza donde la cantante conversa, a través de la manipulación vocal, consigo misma sobre la experiencia del ascenso acelerado a la celebridad, y así van desfilando las canciones, hasta quince, componiendo un disco a base de canciones cortas, algunas de ellas casi esquemáticas, donde la poderosa producción acapara estilos (hay techno, pero hay bachata y hasta un bolero, incorpora trucos y fascina: filtros, samples, cambios de tono, interesante uso del auto-tune para matizar e incluso coartar cualquier exceso de virtuosismo, aunque se es muy consciente del atractivo de la artista: la voz acapara los primeros planos en cuanto aparece. Y ya concluyamos: para nada se ha apostado por duplicar el impacto de El mal querer. Rosalía ha entregado un trabajo maduro, muy compensado en lo sonoro y pendiente de que aúna atracción comercial y crítica. No se ha limitado al mimetismo de aquello que le gusta, sino que ha arriesgado (vaaamos: experimentado) al incorporarlo sin recato alguno: hay dulzura y hay hasta tralla rítmica, hay intimidad y hay percusiones de metralleta. Las colaboraciones no abruman sino que completan. Yo no voy a ponerle ni una pega. Gran disco.